De debates y otros chismes
Thursday, January 31st, 2008Creo que la pregunta favorita de toda la sala de prensa hoy en el debate demócrata fue la que se le hizo a Hillary Clinton sobre las intervenciones de su esposo, el expresidente, en su campaña por la presidencia. Se ha dicho mucho en estos días que Bill se ha encargado de ser el “malo”, atacando libremente a Barack Obama, a cuyo mensaje llamó ”un gran cuento de hadas” y otras lindezas, que se ha peleado en cámara con reporteros y cosas por el estilo.
La pregunta de hoy, que despertó una gran carcajada en la sala de prensa en el Kodak Theatre de Hollywood, donde se llevaba a cabo el encuentro fue la siguiente:
“Algunos han cuestionado el papel del expresidente Clinton en esta campaña. Si usted no ha podido controlarlo durante la campaña, ¿podrá controlarlo en la Casa Blanca?”.
Lo bueno para Hillary es que se le vió el sentido del humor. Ante la interrogante, soltó una gran carcajada y luego empezó a decir lo usual, “yo soy la candidata, la presidencia es un trabajo solitario y yo voy a ser la última responsable, etc”.
No obstante, es una pregunta que creo que muchos se hacen. Clinton fue un buen presidente, pero era, por decirlo de alguna manera, un poco inquieto. Y el papel que ha tenido en la campaña de su esposa ha sido controversial. Pero la verdad es que no hay precedente para un ex presidente que hace campaña para su esposa que quiere ser también presidente.
Bueno, si hay precedente, aunque no en los Estados Unidos. Argentina es el más reciente, aunque ahí la sucesión fue directa, de un esposo a una esposa.
Creo, sin embargo, que lo que algunos tienen en mente es si llevar a Bill de nuevo a la Casa Blanca, aunque sea de “primer caballero”, no traerá malas mañas del pasado. También podría decirse que eso sería muy preferible a los ocho años de Bush. Qué daríamos por estar hablando hoy de un affair del presidente en vez de una sangrienta guerra.
En todo caso, fue refrescante ver reirse a los reporteros que normalmente no reaccionan ni muestran emoción ninguna ante nada de lo que están cubriendo. Es parte del trabajo no tomar partido abiertamente, a menos que uno sea columnista, y a veces parece que nada nos hace gracia, ni nos sorprende.
A veces, también actuamos como seres humanos normales.
