El título de este blogueo es un viejo eslogan de cuyo origen no puedo acordarme, pero me sirve igual para el mensaje que tengo en mente: una campaña política que no conoce a la gente a la que quiere motivar o atraer, no puede ganar.
A pesar de lo que digan, un candidato sólo no gana elecciones. Sobretodo en este país, las campañas políticas dependen en gran medida de la maquinaria que mueve y promueve al político que busca la aprobación o el voto de la gente. Un candidato puede ser muy carismático, o hablar muy bonito, pero sin la caterva de asesores, encuestadores, y relacionistas públicos que lo rodean, su mensaje puede caer en el vacío: no habrá quien lo escuche.
Si el día de hoy Barack Obama, un candidato con una oratoria como pocas y un buen mensaje, no gana las asambleas de Nevada como predicen las encuestas será, creo yo, por una razón importante: su gente de campaña no ha demostrado, en este estado clave para el voto latino, que conoce cómo piensan o de donde vienen muchos de los inmigrantes que podrían votar mañana en las asambleas demócratas. En resumen: el desconocimiento de los inmigrantes latinos les pone en desventaja.
Por otra parte, si Hillary Clinton, como también dicen las encuestas, gana la asamblea y una mayoría del voto latino, a pesar de que el sindicato de trabajadores más importante de Nevada (el Local 226 de trabajadores culinarios) apoyó a Obama, también va a ser por la misma razón, pero al revés: Hillary sí tiene gente en su campaña que sabe como piensan los latinos y como funcionan los medios en español, pieza muy importante de la difusión de imagen de los candidatos.
Me explico. No estoy tomando partido por una campaña. Al contrario. Es como reportera y conocedora de la forma de pensar de la gente de mi lado del charco que lo digo.
Ambas campañas tienen varios días engarzadas en una lucha retórica en la que se acusan mutuamente de irrespetar a los latinos. Sólo que los de Obama lo están haciendo mal y los de Hillary lo están haciendo bien. Me atrevo a adelantar que a la campaña del primero no le va a funcionar la estrategia que está usando sino más bien puede, como se dice vulgarmente, “salirle el tiro por la culata”.
No se trata aquí de quien sería mejor presidente para los latinos o para el país en general. No. Sino de cómo se manejan las campañas. Y de eso depende casi siempre la elección, mi querido Watson.
La campaña de Hillary sabe colocar en los medios imágenes positivas, de inmigrantes latinos que apoyan a Hillary, señoras conmovedoras con historias interesantes y una devoción sin par hacia “Hilaria” que los medios en español nos tragamos completicas y que a la gente le encanta. Y que, además, son ciertas: hay muchos latinos que desde los días de Bill Clinton han sido fieles a ese nombre. Incluso podría decirse que hay latinos que son fieles al partido demócrata desde la época de John F. Kennedy, o desde aquel día en que Robert Kennedy, quien poco después sería asesinado, fue a visitar a César Chavez mientras este ayunaba por justicia para los campesinos.
Y cuando la gente de un sindicato como el de los Trabajadores Culinarios hace “presión” legal pero incómoda sobre miembros del sindicato para que participen en favor de un candidato que fue apoyado por su cúpula política, como está pasando actualmente en Las Vegas con muchos trabajadores inmigrantes de los casinos, ellos lo ven como un “debate saludable” y “nada fuera de lo común”, como me dijo hoy un portavoz del sindicato. Pero para muchos de esos trabajadores latinos, es una presión que resulta intimidante y les trae malos recuerdos de cómo se maneja la política en sus países de origen.
Para un sindicato que juega “duro” como el Local 226, cuyos miembros se meten en las cafeterías de empleados a la hora de la “quebrada” (así se dice, señores, en espanglish, la hora del “break”, por si no lo habían oido nunca) y hace insistente referencia a la necesidad de que sus miembros voten por el preferido de su cúpula, en este caso Obama, lo que muchos trabajadores entienden no es que hay un “debate saludable”, sino una presión, un “acarreo”, y una posible represalia. Aunque esta no se manifieste en palabras.
Esto, obviamente, no lo entienden los portavoces del sindicato ni de la campaña de Obama, que son en su mayoría anglos y no parecen darse cuenta de donde vienen muchos de estos inmigrantes y a qué clase de ambiente político están acostumbrados. Si vinieron a este país, trabajaron duro y se hicieron ciudadanos, no es para que un “jefazo” les diga por quien tienen que votar. Para eso se hubieran quedado en su pueblo.
Hoy hablé con varias personas muy enojadas, que fueron testigo o víctima de esa “presión” y “debate saludable”. Elena Pérez, “housekeeper” del Hotel París no paraba de hablar, molestísima porque a quienes no se apuntaron en una lista de la unión para apoyar a Obama, supuestamente no les negociaron una hora libre extra para ir a la asamblea. “Lo que más me enoja es que nos están cerrando nuestro derecho ciudadano”, me dijo Pérez, que no podrá ir a votar porque trabaja, y no recibió una hora extra para ir a la asamblea, para la cual se necesitan dos horas de tiempo. “Hay muchos trabajadores que estamos bien enojados. Muchos van a votar por Hillary”. No fue la única que me dijo lo mismo.
El portavoz del sindicato, Chris Bohner y una portavoz de Obama, Shannon Gilson, escucharon mi pregunta al respecto e insistieron que no está pasando nada ilegal y que nadie está presionando a los trabajadores. Apuntaron que las denuncias ya habían sido investigadas por el periódico local, Las Vegas Sun, y que no habían encontrado nada irregular.
Es decir, que todo lo que esta reportera, que habla el mismo idioma y conoce de donde vienen estos inmigrantes, escuchó y vio al hablar con la gente de los casinos, queda descartado porque unos periodistas gringos fueron y concluyeron que no estaba pasando nada malo. Apuesto a que ninguno de ellos tiene ninguna idea de cómo se hacen campañas en México o muchos otros países de américa. Aparentemente, muy parecido que algunas de aquí, pero más abiertamente.
Como dice una colega, provoca darles un dólar y decirles, en inglés, “please, go buy a clue”, algo así como ve y cómprate una pista, porque no sabes qué onda.