Texas….un mundo aparte
Mi compañera Eileen Truax y yo hemos estado recorriendo este inmenso estado, no digo que de punta a punta, pero sí de lado a lado y de arriba hacia abajo o viceversa. Eileen ha estado en la frontera con México, en Brownsville y pueblecitos de los alrededores y luego voló a Dallas, donde aprovechó para visitar Crawford, el afamado pueblo donde tiene su rancho el nunca bien ponderado señor presidentísimo George W. Bush, y donde la gente se queja de que la cosa está tan en quiebra como su gobierno. Como ustedes todos recordarán, Texas es el lugar de donde salió el querido Bush, aunque no nació aquí y adonde tendrá que volver muy pronto aparentemente, a meterse en su rancho para no salir jamás -eso quisieran muchos, entre los que me cuento. Como dato curioso, los discursos de Barack Obama en Texas ahora incluyen este chiste, muy carcajeado él entre sus seguidores: “Y a partir de enero, les vamos a devolver a Bush. Verán qué hacen con él”.
Por mi parte, he estado en Houston, pasé por Fort Worth y luego vine a Austin. Como fui manejando a todas partes pude ver el Texas profundo, los pueblecitos perdidos, las zonas en donde la radio del carro sólo capta emisoras cristianas y el programa de Rush Limbaugh, que es lo mismo que decir la derecha más recalcitrante. Nunca había visto tantas camionetotas en mi vida, parece que ser Texano y manejar un mamotreto inmenso traga-gasolina son sinónimos. Aquí no mucha gente ha oido hablar de la dependencia energética, ni de la necesidad de reducir el consumo de combustible ni de cuidar el medio ambiente. Aquí se es texano, grande exagerado y orgulloso. En Houston encontré a los conductores más agresivos que he visto en mucho tiempo. Y eso que yo crecí en Caracas y vivo en Los Angeles, que ya es decir.
Eso sí, encontré, como me pasó en Iowa, mucha gente encantadora, amable. Todo es sí madam y no madam. La atención en restaurantes y hasta en los changarros más pequeños es amabilísima.
