Nuestro propio Joe the Plumber
Durante el último debate presidencial surgió un nuevo símbolo: Joe the Plumber, un plomero que supuestamente quería adquirir el negocio de su patrón y temía pagar más impuestos. Los periodistas lo localizaron y terminó no siendo exactamente lo que parecía.
Pero Joe es la metáfora de quien trabaja duro y avanza de empleado a dueño de una pequeña empresa; las condiciones imperantes obstaculizan su progreso pese a sus denodados esfuerzos.
Aquí en Los Ángeles, Joe es una figura conocida: el inmigrante latino que se abre camino en base a su trabajo. Nuestro propio Joe se llama Efrén Andrade, nacido en el municipio de Ayotlán, Jalisco, de una familia de campesinos humildes y quien llegó a Los Ángeles en mayo de 1971, tres días antes de cumplir 22 años.
Efrén es un contratista de construcción, licenciado y asegurado: contrario al mítico Joe de Ohio, se enorgullece de la licencia que obtuvo cinco años tras tres exámenes extenuantes y de varias horas.
A esto llegó después de trabajar en una fábrica de esponjas por cuatro años, y como empleado en la Unión de Carpinteros durante 26. Finalmente, Andrade estableció su propia compañía.
Llegó a tener ocho empleados. Los enumera por su apodo: “el Telefunken, el Cowboy, el Junior, el Berna, el Paparoti, el Pantera”… a él lo llamaban Don Efre.
Pero la crisis económica pegó duro y tuvo que reducir su nómina. “Me ha afectado al grado de volver a cuatro empleados”, explica.
“Nos tienen con la cara al piso pisándonos arriba del pescuezo,” me dice. “Estoy ahorita en el suelo, más que nada por el alto precio de la gasolina. Para tratar de compensar eso tengo que subir mi precio. Ahora me los ganan los sin licencia o sin liability. Yo tengo un seguro de dos millones de dólares que protege al cliente. Y los impuestos, los tengo que pagar cada mes, tenga o no trabajos”.
¿Qué hacer? Votar es imperativo: Aunque Andrade está registrado como republicano, “siempre voté demócrata”, explica.
“Dicen que vamos a tener que cerrar las puertas los que tenemos pequeños negocios. ¿Quién va a hacer los trabajos? Las grandes empresas, no”.
Su trabajo implica largos viajes y horas interminables. “Me queda muy poquito para la vida social y la familia: tengo cuatro hijos. Los domingos voy a misa, por 26 años a la iglesia San Francis of Rome, en Azusa, y ahora que me moví [mudé] a Glendora, la Santa Dorotea.”
¿Le va a ayudar el gobierno? “Son una mafia blanca arreglada que nos manipulea como le da la gana y poseen el real estate”, dice, y explica la raíz de la crisis inmobiliaria y la desaparición del crédito, tan necesario para los pequeños negocios. “Para colmar, vino el alza de precios y esta guerra sin sentido que nos dejó tan drogados”.
En la posibilidad de un cambio ve una oportunidad, pero lamenta que muchos latinos no están informados. “Vamos con los ojos cerrados como una bola de ratones siguiendo al que va adelante”.
Y la gasolina, compren donde esté más barato aunque tengan que dar la vuelta y manejar otro cuarto de milla o sí, empujar el auto a la gasolinera. Así les obligamos a bajar su precio.
“Los que están afectados en sus negocios como yo tienen que empezar a pensar, pero no hay mucho tiempo. Lean el folleto que les manda el gobierno para que el 4 de noviembre no se pregunten a qué chin… van a votar.”
Piensen y voten, dice nuestro Joe the Plumber, Efrén Andrade.
Y de regalo, el mítico, superhéroe (porque nunca existió) Joe The Plumber:

