La Villa Alpina y el swap meet
Sunday, October 12th, 2008
Un gigantesco swap meet o feria popular abre sus puertas cada día desde 1975 en la esquina del bulevar Torrance y la avenida Vermont. Por el predio que comparte lo llaman Alpine Village. Centenares de pequeños comercios, casi todos de latinos, ofrecen ropa, comida, herramientas de trabajo, joyas, videos: de todo. El estacionamiento es para 1,400 autos. La entrada cuesta un dólar. AL-G
Una señora me ofrece un té para el colesterol que debo tomar a diario, poniendo una cucharada en un litro de agua hervida. A mi hijo Mark le atraen unos petardos —cuatro cajas a un dólar— en un puestito escondido entre montañas de ropa usada a 50 centavos la pieza.
Está el concurridísimo puesto de masaje. Al aire libre, las personas se acuestan para que los relajen de las angustias cotidianas: 15 minutos, 15 dólares. 30 minutos, 30 dólares.
Llegué a Alpine Village, el centro de comida y productos alemanes en Torrance, por el revuelo local que causó su cierre por dos meses y posterior reapertura y el alejamiento de quienes lo dirigieron por 40 años, Hans y Teri Rotter.
En un intento de expansión, planificaron nuevos locales y hasta un hotel de 300 habitaciones. Pero el 10 de junio la Villa cerró, junto con el swap meet, sin aviso, por falta de permisos del condado o por desavenencias entre los dueños.
Un artículo en un matutino local llevó a casi 600 mensajes de respuesta en línea.
Reabierto, el swap meet ocupa una fracción del espacio antiguo, me dice un guardia de seguridad. “No puede venir tanta gente como antes porque no cabe”.
Los puestos cuestan 10 dólares por día, menos los domingos, cuando suben a 35 dólares.
Desde mediados de octubre y hasta fines de este mes celebran aquí el tradicional Oktoberfest, con espectáculos y bailes y más comida alemana y suiza. Antes tenían sus juegos para niños, su pequeño zoológico. La gente jugaba al bingo y danzaba el baile del pollito, probaba especialidades alemanas y miraba futbol europeo.
Pero con los años, dicen muchos de los que escriben los mensajes, la calidad bajó. Se perdió esa esencia pristina, ese toque de cultura alemana, dicen ellos, que los atraía a la gente, ese “pedacito de Alemania en el medio de Torrance”.
Y me llamó la atención que le echan la culpa del abandono y decadencia al swap meet y sus clientes pese a décadas de abandono en la Villa.
“La Villa parece Skid Row (el centro de homeless en Los Ángeles). Los que vienen a la Villa no encuentran estacionamiento. Y deben evitar a los mecánicos mexicanos que reparan automóviles y cortadoras de pasto”, dice uno.
“Alpine Village se convirtió en un lugar desagradable para visitar. La decisión de permitir al swap meet fue errónea”, escribe otro.
“El swap meet mexicano baja el nivel… ¿Qué tiene que ver con una villa alemana? Ni siquiera es un swap meet alemán”.
“La mayoría de los negocios de la Villa no gana a causa del swap meet”.
Hay una contradicción obvia entre el ambiente latino, popular, barullero, del swap meet y las expectativas del centro alemán. Expectativas reales, concretas, justificadas por ese ansia de retener un poco del país original, de la cultura que aprecian.
Sin embargo, para miles de latinos que colman el swap meet, es un foco de bonanza, de artículos necesarios y accesibles en estos tiempos difíciles. Es una necesidad para la comunidad.
Un vendedor de cuchillos, trípodes y largavistas dice que espera tiempos mejores. “Estoy aquí desde hace 14 años”, dice este oriundo de Rusia. “Antes, sólo venía los fines de semana. Ahora todos los días y también vendo por eBay”. Está contento porque terminó la construcción, aunque todo quedó en una carpa en lugar de un edificio como se planificaba, en el “lado alemán”.

