Cada sábado llevo a Jeremy a su clase de percusión. Le espero, y de pronto me parece estar en los barrios moros de Andalucía por el patio central y abierto, con mosaicos en el piso, o en el Conservatorio Manuel de Falla, porque brota de las paredes el sonido de los instrumentos cuando se afinan, o en la Academia Julliard, porque unas niñas vestidas de Prima Ballerina llegan para su clase.
En realidad estoy en la Escuela de Música y Arte (LAMA), en la calle Tres, en el Este de Los Angeles, donde 612 niños enriquecen su vida.
A Rodolfo Cerda Jr., de 11 años, que toca el violín, la guitarra y el saxofón, lo trae su padre desde El Monte. Y Rodolfo padre espera también mientras su hija menor Ariana termina su clase.
La clase de ballet se da en una salita de conciertos con cuatro pianos Steinway donados. Las niñas rodean un televisor y ven un video del Ballet La Bella Durmiente.
La directora desde hace 10 años, Isela Sotelo, me presenta el edificio. Me cuenta de sus planes y sueños. Tendremos un centro más grande. En 2002, con un regalo del presidente de la junta, David Barry, compraron el edificio adyacente. Sotelo me envía los planes del nuevo complejo, diseñados por John Sergio Fisher.
“Quiero una escuela charter intermedia de artes, ahora que ya hay una secundaria”, dice.
Como la luz, pasamos de un aula a otra. Eric Monugian, alto y melenudo, salta lo mejor que puede en la clase de taps de Christie Sirota; calza tenis, dice Sotelo.
En la clase de arte de Carolina Kitagawa, un pequeñín copia del libro de arte dos mitad pájaros, mitad hombres, y su azul y su negro son plenos y profundos y me mueven a felicitarlo.
Otra habitación contiene computadoras donde enseñan elementos musicales a través de juegos electrónicos.
La escuela fue creada en 1945 por Pearle Irene Odell y trasladada aquí en 1967.
Pero seguir cobrando a los padres la mitad del costo, 16 dólares por clase contra 30 a 50 en otras partes, para esta institución sin fines de lucro es una lucha constante, dice Sotelo, que nació aquí, por la Eastern, “cerca del calvario”.
La crisis económica resuena en la participación de los padres.
¿Hay apoyo oficial? La Comisión de Arte del condado, dice Sotelo, da el 2% del presupuesto.
LAMA está en una parte no incorporada del condado de Los Angeles; no tiene ciudad que la apadrine.
Y con todo, hay recitales individuales y conciertos del coro y de pequeñas orquestas. Enseñan pintura, ballet clásico, tap, hip-hop y folklórico y un taller de teatro de los jueves cuesta sólo 12 dólares la clase. Y también piano, guitarra, violín, instrumentos de viento, percusión y canto.
Los alumnos, especialmente de 7 a 15 años de edad, vienen también de Montebello, Pico Rivera, Commerce, Monterey Park, Alhambra y el Sur Centro de Los Angeles, dice Sotelo. El 80% son de familias latinas.
Los 28 profesores son graduados de UCLA, de CalState Los Angeles, Long Beach… Trabajan de 15 a 20 horas por semana.
Y mientras espero que Jeremy termine su clase de percusión, una niña rasguea en la guitarra el tema de Black Bird de los Beatles.