El, intimidó a cualquier potencial contrincante al recaudar sumas millonarias en fondos de campaña que finalmente no hubiese necesitado; con la fuerza de su retórica, con comparecencias en el Congreso, el Senado, toda Washington D.C., y allí donde más cerca pudiese estar del presidente Obama y las consabidas cámaras.
Pero Antonio Villaraigosa alejó toda oposición que le impidiese ganar facilmente la reelección como alcalde de Los Angeles, más que nada, con su despliegue de energía, actividad frenética, relaciones públicas impecables, contactos políticos perfectos, y una visión de lo que considera el futuro de Los Angeles.
Ojo, no su presente: ese es oprobioso, pesado como el aire que se cierne, gris y contaminante, encima de nuestras cabezas. Es ennervante, como esperar en los freeways mañana, tarde y noche, como si fuesen parques de estacionamiento. Es frustrante, como presenciar las filas de chicos latinos, hijos de inmigrantes, que inician la escuela secunaria y no la terminan. No su presente: su futuro.
Y si, en los años que estuvo ya al frente de este municipio, que es más pequeño de lo que los de afuera piensan porque tiene menos de 4 millones de habitantes, Antonio Villaraigosa sacudió los cimientos de una administración dormida y poco creyente en los cambios. En su balance positivo él arroja ante todo la disminución del crimen -tendencia que ya dura seis años, que comenzó durante el ejercicio de su antecesor, el somnoliento James Hahn, y que los que lo conocen lo atribuyen al trabajo de un William Bratton, jefe de la policía y ex reformador de la misma en Nueva York.
Junto a ello se atribuye como principal logro el aumento en la cantidad de policías, en unos setecientos, y que llegó, como lo anunció en una inteligente conferencia de prensa un día antes de la reelección, perdón, de la votación, a 9885: casi casi diez mil, que ha sido su meta. (more…)