
Larry Hernandez. Foto Cortesia
Miren bien a este mono de nombre Larry Hernández.
Su disquera dice que le está yendo súper bien ya que sus últimos tres discos -Larrymanía, 16 Narco Corridos y En Vivo Desde Culiacán- le han traído resultados extraordinarios.
Y ¿cómo no? si los hombres lo idolatran. No sólo canta los narcocorridos que hacen soñar a los machos inmaduros con dinero, parrandas, mujeres y mota sino que, además (como de pilón), en sus presentaciones en vivo da feria a las ‘damas’ que se atrevan a mostrar sus ‘encantos’. (Síp, yo lo vi).
Digo… yo también tengo miles de fans –y no tengo necesidad de armar tanto show para conseguirlos.
Yo no escucho, ni mucho menos compro su música, porque:
1) no estoy dentro de ese club exclusivo de machos inmaduros que se deslumbran por la vida narca que Larry describe en sus temas.
2) no me gustan sus vulgaridades … en su disco en vivo parece que no se sabe otra palabra más bonita que ”ver**”. ”vergara aquí” “vergatos allá” y “vergabachos por acá”. Parece que el hombre está fasinado con vergalanes. Ojo –no es que me ponga a escuchar sus canciones- sino porque conozco a uno que otro macho que se muere por el Larry.
Y 3) no me gusta la forma en que humilla a las mujeres en sus presentaciones. Mira que ofrecer dinero a cambio de que muestren su ‘pechonalidad’ a todos los ahi presentes. Oiganme, si quiere ver viejas encueradas que se vaya a uno de esos lugares. Un salón de baile no es el lugar. Y luego tirarles el dinero al piso como si fueran prostitutas de tercer nivel. Qué va. Chicas, no caigan en el juego. Por muy bien que les caigan los $100, hay que tener dignidad… Eso no se puede poner en venta.