Testigos de la historia en la posesión de Barack Obama
Ayer, las calles de Washington no soportaban una persona más. Fuimos testigos de como millones de personas trataron con todos sus esfuerzos de estar lo más cerca posible del Capitolio, donde Barack Obama tomó posesión como presidente de EE.UU.
Todos queríamos ser parte del evento y navegamos por las calles y avenidas que se convirtieron en ríos humanos.
A las seis de la mañana, ya los trenes y las calles estaban abarrotados de gente con destino al Mall, ubicado entre el Capitolio y el Monumento a Lincoln, donde se celebró la investidura.
La camaradería, el entusiasmo y alegría fueron la tónica del día a pesar del frío y los múltiples problemas de organización y orientación que todos enfrentamos al llegar al lugar.
Una de las voluntarias que entregaban información reveló que por la inesperada cantidad de personas que llegaron tuvieron que cambiar las rutas de acceso. Por ello, no fue extraño que la Policía diera diferentes y contradictorias direcciones que llevaron a la gente a caminar grandes distancias buscando su entrada.
Desiree Fortune, una señora que viajó desde Nueva York especialmente para el evento, nos mostró su invitación y dijo que llevaba horas buscando la entrada.
La joven Sonia Pérez y su marido Luis, también de Nueva York, esperaron tres horas en fila sin poder entrar.
“Es bien triste y decepcionante, llegamos temprano en la mañana, dejamos a nuestro hijo con otra persona y, bueno, la gente está desesperada”, dijo Luis.
Aunque miles de personas se quedaron haciendo filas kilométricas esperando entrar al Mall, en el momento que se inició la ceremonia las filas se transformaron en grupos y la gente comenzó a escuchar atenta y a celebrar la llegada del nuevo presidente.
“Nunca pensé ver esto, porque Estados Unidos es un país de blancos, pero ahora están los dos juntos. No hay diferencias”, señaló Margot Barrios, una peruana que viajó en el metro desde Springfield, Virginia, hace un par de días.
“Estamos muy contentos de estar presentes en este momento histórico dónde una vez más tenemos luz en el mundo”, expresó con lágrimas en su rostro Enrique Morones, un activista proinmigrante de San Diego, California.
Cuando ya todos se retiraban del Mall, después que el presidente Obama diera su discurso, nos encontramos con Mari Cruz , quien manejó por 49 horas desde California, y emocionada nos dijo que el nuevo presidente necesita toda nuestra ayuda.
“Porque él no puede hacer todos los cambios solo”, explicó Cruz.

