Herencias y herederos del Clásico
Después de cada Clásico, es inevitable la revisión de sus legados.Las herencias que dejan estas confrontaciones entre América y Chivas rebasan a veces a los mismos resultados.
Éste puede ser uno de esos casos.
Por ejemplo, un resultado discutible como el 1-0 se volvió indiscutible con la monumental figura de Guillermo Ochoa.
En el mano a mano con su compadre Omar Bravo, las ganó todas y con todos los argumentos probables. Desde la fortuna de ese balón que del poste se le entrega al cobijo, hasta ese imponente alarde de reflejos con los que desvía un disparo en el fusilamiento a mansalva a siete metros de distancia.
Y si como dice Omar, son compadres, que mire usted suena descabellado, queda confirmada la reflexión popular de que “no hay compadre que no haga daño”.
De entrada, vale esperar que Chivas no altere su promesa y su propuesta de futbol, porque habrá adversarios menos sólidos en su portería y jornadas en las que Omar certifique en la red ésas que ayer simplemente le fueron arrebatadas.
De entrada, vale esperar también que América no ofrezca menos de lo que ofreció en el Clásico.
Esto significa que el equipo mantenga inalterables, incorruptibles, valores tales como la devoción, la consistencia, la entrega, el hambre de ganar y el instinto por no perder.
Eso debería alcanzarle para evitar zozobras en el cierre del torneo, y le bastaría para meterse a la clasificación.
Las recapitulaciones llevan a hacer presentes a los ausentes.
Chivas fue indulgente con América: jugó con diez porque Adolfo Bautista fue, nuevamente, una triste sombra de sus insinuaciones en otros encuentros.
Parecería que este encorvado, despatarrado y genial futbolista, debe vivir un conflicto para aparecer en la cancha con genialidades.
Parecería que en la calma, el “Bofo” requiere de una tormenta que lo despierte.
Parecería que, en medio de la paz, él requiere de guerras personales que le aumenten la temperatura como competidor.
Y Chivas entonces jugó con diez. Bautista estuvo ausente. Dialogó más con “Chiquidrácula” que con el balón, y era lamentable ver cómo en sus territorios de dominio fue dominado por adversarios menos astutos, menos hábiles, menos dotados, pero el domingo, eso sí, con más adrenalina y testosterona que este “Bofo”.
El otro ausente, éste sí físicamente, como Cuauhtémoc Blanco, quedó en claro que el equipo lo necesita para agradar, para ganar con solvencia, pero que no lo necesita para sacar resultados.
El América de ayer rompió grilletes futbolísticos y anímicos con este también despatarrado, encorvado, pero aún más genial y eso sí, más aguerrido que Bautista.
Cierto que este América es un equipo parejo, de control de espacios y que, vale insistir, con eso que mostró el domingo como una constante de responsabilidad, alcanza para que alcance sitios de privilegio en el torneo.
Cuauhtémoc le añade gracia, a pesar de su poco grácil figura y desplazamiento en la cancha. Pero el genio invoca genialidades y ese repertorio todavía parece ajeno en plenitud para Mosqueda.
Quedarán detalles de polémica. Por ejemplo, en la jugada previa al gol de América, la regla es clara e imperativa: se encontraba “un objeto extraño en la cancha”, esa segunda pelota que obligaba a detener el juego y “reanudar con balón a tierra”.
Y hay un agravante: el segundo balón apareció porque una mano americanista lo lanzó a la cancha, es decir, “Chiquidrácula” bien podía haber cortado la acción, algo que además habría sido entendible en su caso por esa propensión que tiene a tijeretear el juego.
Queda claro que en ese momento nadie podía imaginarse que la jugada terminaría en gol porque había más rojiblancos en la cancha y porque nadie hubiera pensado que la carambola a tres bandas habría terminado en la red, menos aún con un fortuito, excelente, pero accidental cabezazo de Germán Villa, quien vuelve a ser el referente simbólico de este nuevo América.
Sin embargo, hay un atenuante: el criterio del árbitro para dar fluidez al juego ha sido preponderado por la FIFA, y de eso hizo gala “Chiquidrácula”, aunque, valga reiterarlo, pocas veces lo hace.
El caso de Ochoa merece una reconsideración coincidental. Mientras él se encumbraba como la figura americanista, Oswaldo Sánchez se hundía en la tragedia al ser responsabilizado por comerse goles en el empate de Santos ante el Atlas, quien esa noche hizo cinco goles y empató con apuros.
Parecería, por la convocatoria como titular a la selección de Ochoa, y con Oswaldo saliendo de una rehabilitación precipitada, con esta combinación de actuaciones en la liga, que el cambio de estafeta está dado en el Tri. Sobre todo hacer énfasis nuevamente en la superioridad técnica del arquero americanista: nunca se vence, nunca se entrega, y además en las salidas del América escasean los despejes despreocupados del arquero.
No es aquel “Gato” Marín de Cruz Azul, que en cada despeje era un pase posible para gol, pero puede llegar a conseguirlo.
Son pues algunas reflexiones de este Clásico, sin dejar de lado que Luis Fernando Tena garantizó su permanencia total en América, y que a Chivas le llega una llamada de atención a tiempo pare recibir al DC United y para encarar el resto de la temporada.
