No hay Hugo que dure 20 años, ni Tri que los aguante
Hugo Sánchez quiere perpetuarse en el cargo de seleccionador mexicano.
El martes por la noche, luego del entrenamiento del Tri, el Pentapichichi dijo que quiere quedarse 20 años en el puesto.
El discurso gana posiciones, encabezados, controversia, pero aparte de poco sensato para un medio como el mexicano, evidentemente es irreal y mentiroso.
Descobijado tal vez por mala memoria o cobijado por una astuta estrategia de promoción, Hugo habla de hacer una histórica permanencia de 20 años en la selección mexicana cuando, en verdad, él espera que después del Mundial le entreguen, finalmente, la cachucha, el silbato y la cruz del Real Madrid.
Que sería sano un largo proceso al frente del Tri, es imposible de negarlo.
Pero el proceso es tan desgastante que hay que tener sabiduría para saber llevar ese ciclo de cuatro años y un caparazón de tortuga antidiluviana para resistir lo que hay que resistir.
No hay que olvidar cómo Javier Aguirre, meses antes del Mundial, confió a La Opinión luego de un amistoso en San Diego: “Terminado el Mundial [2002], me voy. Mucha tensión, muchas presiones, mucho desgaste innecesario. No es miedo a eso, es que no hay porqué vivir en medio de tantas situaciones complicadas innecesariamente y sacrificando a la familia”, explicó el mismo Aguirre.
Y cumplió. De hecho semanas antes de iniciar el Mundial en Corea del Sur y Japón, Aguirre ya era el técnico del Osasuna.
Pocos sobreviven a un Mundial, pero porque pocos son capaces de encontrar un oasis en las tormentas de cada cuatro años.
Algo queda claro: el proceso mundialista madura sólida y sabiamente a cualquier entrenador.
Miguel Mejía Barón debió continuar después de su proceso, lo mismo debió pasar con Manuel Lapuente, y por supuesto con Aguirre, quien sólo sonrió a aquella pregunta de: “Llegaste cuando te necesitaba la selección, pero te vas cuando más te necesita la selección”. La pregunta le fue hecha después de caer ante Estados Unidos en el Mundial y aún no ha querido responderla.
El mismo Ricardo La Volpe, después del Mundial, si hubiera dado visos, mínimos, vestigios al menos, de haber aprendido de sus equivocaciones como ser humano, hubiera sido el candidato idóneo para vivir este nuevo proceso porque, a pesar de sus obsesiones y esa lamentable dependencia de lo sobrenatural, el tipo es y será un genio de la estrategia y un esclavo saludable de la fe en su propio trabajo.
Es establecer de nuevo cómo México perdió sus alcances mundialistas por errores de los técnicos.
El mismo Gerardo Torrado, en charla sobre el tema el lunes, establecía claramente: “Visto así, es cierto, es en la banca donde se ha fallado, porque nosotros los jugadores hemos cumplido, porque queremos hacer historia”.
Y ya hemos recapitulado sobre ello:
1.- En 1986, el afán de hacer trampa de la FMF llevó a México a Monterrey sacándolo del Azteca. “Nunca creímos que terminaría como líder de su grupo”, confesó el doctorado en cachirules y doctorado en Derecho, Rafael del Castillo.
2.- Mejía Barón no hizo cambios…
3.- Lapuente abuso de los cambios, despejando el área mexicana a los delanteros alemanes…
4.- Javier Aguirre reconoce: “Me equivoqué, lo admito, al sacar a Ramoncito Morales y meter a Luis [Hernández]“, de quien ya sólo quedaban despojos como jugador…
5.- Y Lavolpe, quien en los tres primeros partidos desgastó al grupo de manera inmisericorde y el grupo jugó a pesar de él ante Argentina, pero hay destinos que no se cambian…
¿Podrá Hugo cambiar esta historia?
Es impredecible. La fogosidad nacionalista suele ser una consejera de cabeza caliente, aunque, afortunadamente, a su lado, aparece un tipo frío, criogenizado en sentimientos, como lo es Sergio Egea, y quien con facultades como estratega para dirigir equipos ha preferido ser el socio perfecto con Hugo Sánchez.
Y después, seguir con el proceso, propone Hugo, aunque sólo sea de dientes para afuera.
Hoy decirlo es fácil. Ejecutarlo es complicado.
Lo cierto es que Hugo ya recibió una bendición: cumplirá su proceso de cuatro años. No sólo ha convencido a los directivos sino que además, su principal contendiente, Américo Gallego, mire usted, naufraga con el Toluca, y que además sigue con una apuesta tacaña, muy distinta de la que muestra actualmente el Tri.
La frase de Jorge Vergara el 18 de noviembre en este espacio es contundente. “Hugo no será rehén de sus resultados, pero sí del rendimiento y la actitud del equipo”.
“Veremos”, dijo el ciego al sordo que lo estaba oyendo.
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