Chivas y Pachuca, extremos que llegan a tocarse…
Hágase un favor. Sacrifique el resultado de anoche. Olvídese del marcador entre Pachuca y Chivas en el primer duelo de la Copa de Campeones y Subcampeones de Concacaf. Tomarlo en cuenta es prejuiciarse.Esta doble confrontación puede multiplicarse.Chivas y Tuzos pueden, deben, merecen, llegar a ser los protagonistas de la final del Clausura 2007.
Y sería poner en un coliseo prodigioso un mano a mano entre dos equipos que significan, puntualmente, la actualidad del futbol en México.
Porque, vale entenderlo, ambos equipos, Guadalajara y Pachuca, llegan por distintos caminos a la misma meta.
Partiendo de una base, Pachuca es el mejor referente de lo que es el futbol mexicano.
Chivas, en cambio, es el mejor referente de lo que debe ser y quiere y puede ser, el futbolista mexicano.
Pachuca refleja la forma más madura y depurada en la que debe trabajarse en el futbol mexicano.
De inicio, un entrenador nacional, que conozca el medio, que valore al mexicano sin sacar de su justa dimensión al futbolista extranjero, ni para rendirle pleitesía desmedida ni para verlo con recelo.
Y el equipo en sí es un reflejo puntual del camino que ha elegido México: una suma sólida de jugadores foráneos, serios, comprometidos, profesionales y con la ambición serena del que pretende triunfar.
Pachuca lo ha conseguido, como referencia inequívoca de su propia filosofía.
Por eso, los Tuzos se acercan al prototipo de lo que debe ser un equipo mexicano, de mesurada inversión, de perfil discreto, de trabajo eficiente en fuerzas básicas y con la pretensión de ramificarse con una infraestructura poderosa.
Pero si Pachuca es serenidad, Chivas es, por naturaleza, por origen, por linaje, por su nuevo propietario, un equipo de escándalo y de escandaleras.
Cuajado sólo con mexicanos, el Guadalajara es un modelo de lo que podría ser el resto de los equipos si hubiera un principio ordenado, honesto de trabajo, sin que sea imprescindible toda la parafernalia a veces de mal gusto, a veces de sarcasmo mal entendido, a veces con toques de exquisitez con el que lo ha rodeado Jorge Vergara en el afán de ponerlo en el aparador descarado de la mercadotecnia.
Por eso, si Pachuca es el referente sincero del futbol mexicano, Chivas es el modelo inmaculado —casi—, de lo que debe llegar a ser el futbolista mexicano en el futbol asociación.
Con un entrenador mexicano amamantado en las ubres rojiblancas, con cierta jerarquía en los anales de Chivas y del futbol nacional, “Chepo” de la Torre ha logrado sobrevivir a conatos ligeros, infantiles, inmaduros, de sublevación por parte de las divas de su equipo, intocables además, porque cuando exige de ellos, Omar Bravo, Adolfo Bautista y Alberto Medina, en la cancha, literalmente, se parten el alma.
Si Pachuca hace un futbol elaborado, pausado, pero agradable, Chivas llena el ojo de todos, propios y extraños, de quienes lo aman y lo desprecian, gracias a la explosividad, el vértigo y esa penetrante velocidad de que goza.
Pachuca es para verlo con reposo, Chivas es para verlo con ansiedad.
Por eso, es necesario insistir en que ambas instituciones llegan al mismo objetivo, pero por caminos distintos.
Pachuca ostenta una universidad propia donde el futbol es una prioridad para alcanzar la formación integral de individuos y sus congresos anuales son para regodearse generalmente.
Chivas ha tomado la autopista del mercantilismo. Promete mucho y cumple en algunas metas. Ya entregó un título y sigue sosteniendo el mismo emblema de un futbol agresivo, espectacular y emotivo.
Claro, lo del estadio galáctico sigue todavía en unas piedras amontonadas, algunas excavaciones y, una maquinaria que perezosamente inicia labores.
Claro, Chivas siembra y cosecha, pero llegar a una propuesta de orden formativo como Pachuca, o como lo intentó el Atlas y lo consiguieron Pumas, Toluca y América, parece casi impensable en este momento.
Pachuca no lleva prisa, como no lo hace en la cancha.
Chivas lleva una prisa desesperada, tal y como lo hace en la cancha.
Son reflejo puntual de sus planes de trabajo y de la misma exigencia de la afición que los cobija.
Lo lamentable es que, hasta el momento, no sean capaces de desencadenar un contagio y una epidemia.
Hay en el futbol mexicano clubes que crecen silvestres, la mayoría de hecho; hay instituciones que se apegan a moldes caducos y gastados e inoperantes, mientras hay otros que mantienen a sus equipos sólo por exitosas o fallidas maniobras de todo tipo, desde fiscales, políticas, civiles o de autosatisfacción personal.
Eso son, pues, Chivas y Pachuca, dos extremos que han llegado a tocarse en la coronación de sus metas en 2006, Guadalajara con su primer título en la era Vergara y el 11 en su historia, y los Tuzos con uno de liga y el de la Copa Sudamericana.

April 20th, 2007 a las 7:13 am
Que tal es un gusto tratar de contactarme con usted, soy coordinador oficial de eventos especiales del club Pachuca F.C. aqui en Los Angeles, asi es el campeon sudamericano quisiera hacerle una atenta invitacion para un evento que tendremos en Santa Clarita llamado la semana del talento me gustaria obtener su e mail para explicarle y mandarle el flyer del evento o contacteme al (661) 212-5272 o 661-645-0524