Puertas cerradas a Pardo, Osorio y Salcido
PUERTO ORDAZ, Venezuela.— Él no ayuda. Él no se ayuda. Él no se deja ayudar. Y falta saber si alguien en verdad desea ayudarlo.
Hablamos de Hugo Sánchez.
Lo que ocurre dentro de la selección mexicana va más allá del resultado de anoche ante Brasil. No caben festejos ni por uno ni contra otro.
Hugo habla con pocos, pero muchas veces lo hace delante de muchos.
Ayer fue uno de esos días.
Hugo habló mucho con pocos, pero delante de muchos.
Y el que escucha, cuenta.
Todo indica que Hugo ha tomado una decisión.
El gesto de traición de los tres “europeos” ha decidido no perdonarlo.
Parece que al fin el Pentapichichi se ha decidido.
Hugo ha tomado la determinación de que en la selección mexicana sólo jueguen quienes quieran estar con él, y no sólo dentro de la selección mexicana.
En este momento, en una saludable reacción de líder, aunque no correctamente encaminada, ha defendido a Carlos Salcido, Ricardo Osorio y Pável Pardo, reconociendo que necesitan descanso.
Pero el mensaje le llegó claro: o no quieren estar en la selección o no quieren estar con el seleccionador.
Hugo hará un último intento: se acercará a dialogar con ellos el próximo mes. Lo hará de frente.
Querrá saber si puede o no puede contar con ellos.
Queda claro que este tipo de peticiones de los tres “europeos” lo dejó mal parado poniendo en escenario de dudas su habilidad para manejar el grupo.
Hugo quedó exhibido: eligieron un mal momento y un mal procedimiento.
Si como dijeron todos, este permiso estaba contemplado antes de la Copa de Oro, por qué reservar su anuncio hasta antes de la final y por qué pedirles a los jugadores que ellos mismos dieran el aviso, en zona mixta, especialmente cuando ese mismo día Pardo fue seleccionado el jugador del partido y tuvo la tribuna perfecta para difundir su decisión.
“Pável Pardo y Ricardo Osorio quieren hablar con ustedes —dijo el jefe de prensa de la selección— al terminar la conferencia de prensa. Tienen un anuncio para ustedes”, mientras Pável aún relataba su gol ante Isla Guadalupe.
Además, hay choques en las versiones de todos. Hugo aseguró que desde antes de la Copa de Oro todo estaba hablado. Después Pardo y Osorio dijeron que habían tomado la decisión apenas unos días antes, y en el caso de Salcido, ocurrió lo mismo.
Hay que recordar que a Carlos Salcido se le preguntó puntualmente si renunciar a un torneo oficial, importante como la Copa de Oro, significa que podrían no querer jugar las eliminatorias mundialistas y por supuesto tampoco los juegos amistosos de preparación.
“Ya lo veremos en su momento. Siempre estaremos a las órdenes de la selección nacional”, dijo Salcido.
En este discurso queda claro que hay un eslabón perdido.
Es este: los jugadores hablaban, hablan y hablarán siempre en torno a la selección mexicana, cuando en la época de La Volpe, hacían referencia a él como Ricardo puntualmente.
Viene pues, el momento decisivo para Hugo si logra sobrevivir a la afilada guadaña que blanden ya Jorge Vergara y Rafael Lebrija, luego de clavarle las primera banderillas con sus críticas y recriminaciones verbales.
Ya de hecho tener que hablar con los jugadores en desacato, en traición, significa una postura de debilidad más que de fortaleza ante los ojos del futbolista, cuando realmente debe verse como un acto de nobleza extrema, porque, finalmente, Hugo tiene la sartén por el mango… de momento.
Pero Hugo también debe dar un paso al frente.
Prometió, como La Volpe lo hizo y tampoco lo cumplió, hablar con ex técnicos nacionales como Enrique Meza, Javier Aguirre, Manuel Lapuente, Miguel Mejía Barón… y nada más.
No lo ha hecho.
Hacerlo ahora lo puede ubicar ante todos en un contexto equivocado: la desesperación, un estadío, un momento, para el que le falta poco por llegar a Hugo.
Vale la pena reiterarlo: el Pentapichichi terminará por graduarse como técnico luego del pasaje en la Copa de Oro y en la Copa América.
Cualquiera que sea el desenlace y el saldo final, Hugo será más sabio, o debe serlo, para conocer sus errores y reconocer sus aciertos, pero también reconocer los errores por errores ajenos y reconocer los aciertos por aciertos ajenos.
Lo afortunado de todo esto es el comentario de Hugo que pretendió ser íntimo y no lo fue: Salcido, Pardo y Osorio se fueron de la selección cerrando la puerta por fuera.
Rafael Márquez estuvo a punto de seguirles los pasos, pero Hugo y Justino Compeán lograron convencerlo en bien de la selección mexicana.
Lo triste, lo grave, lo terriblemente peligroso, es que el proceso de Hugo apenas comienza y tiene tintes de drama y tragedia, como si estuviera a punto de terminar.
Si sobrevive a todas estas espadas que le amenazan, será intocable. Si termina ejecutado será irrecuperable, en todos sentidos.

July 3rd, 2007 a las 4:28 pm
MI PUNTO DE VISTA Q’ACADA CERDITO SE LE LLEGAN SUS NAVIDADES