Una guillotina voraz e insaciable
Darío Franco fue el primero. No fue una ejecución por lo que no hizo en la banca, sino por lo que hizo en el vestidor.
Cuando se marginó del funeral de Mirsha Serrano, un jugador querido por compañeros y directivos, su suerte quedó echada.
Cuando el padre de Mirsha fue a agradecer al grupo su solidaridad y apoyo, todos atentos, menos Franco, con un gesto de enfado e impaciencia porque terminara el discurso doliente y doloroso, sin respetar el dolor ajeno y colectivo.
Era claro, un técnico, ser humano, que se deshumaniza ante la muerte, no puede ser líder de un grupo. Y cayó. Y calló.
La guillotina promete seguir activa.
Candidatos en esa pasarela frágil abundan.
La directiva de Chivas, en la intimidad de su palco en Morelia, coincidió que si “Chepo” no le gana al Atlas, podría irse.
Américo Gallego tuvo ayer una reunión privada con directivos ansiosos de $les explique cómo el plantel más poderoso, en el papel, del campeonato, no puede funcionar en manos de un tejedor de triunfos y títulos, y que suma un punto de nueve posibles.
Tigres ha vuelto al escenario dantesco del descenso, muy cerca de un Santos en franca recuperación, seguido por un Veracruz que suma puntos, aunque tiene como seguro de vida a un Puebla sumido en el fondo de la tabla.
Pero el lamento de Gallego es genuino: “Estamos jugando muy mal, muuuy mal. Tenemos que buscar soluciones inmediatas”.
El momento de Atlas no es mejor. Al igual que Tigres armó un elenco de respaldo al futbol ofensivo que disfruta Rubén Omar Romano.
Atlas lleva un punto de nueve posibles, se muestra agradable en los partidos, tiene verticalidad, llegada, sabe pasear la pelota, por $incluso no se extraña ni a Andrés Guardado ni al “Tripa” Pérez.
Irónicamente tiene a un goleador de sobrada eficiencia en México: Bruno Marioni, quien parecía solucionar el problema endémico de los rojinegros el torneo anterior: la carencia de un realizador.
Y no basta.
En esa misma zona de ejecución se encuentra Víctor Manuel Vucetich con los Jaguares de Chiapas. La contratación ostentosa en el mercado mexicano la hizo con la compra de Adolfo Bautista, pero, de momento, es evidente que el “Bofo” se ha perdido en sus viejos vicios en detrimento de sus conocidas virtudes.
Se le reporta como el mismo que llegó a Chivas. No habla con nadie, se aísla, se encierra, no convive con nadie, vive añorando a Chivas y no logra enlazar con un hombre que reclama servicios de los su$, para canjearlos en la red, como lo es Javier Cámpora.
Lo sorprendente es que Vucetich conociendo la inestable personalidad del jugador, porque ya lo dirigió en Pachuca, aún así haya peleado con tanta insistencia su adquisición.
Es irónico cómo la referencia palpable en los equipos mencionados, a excepción de Tigres, es la habilidad para hacer un futbol ofensivo y creativo, pero carecen de un hombre gol.
Chivas que tiene al monarca vigente de romperredes en Omar Bravo, tiene un solo gol a favor, mientras que Bruno Marioni ha tenido, en promedio, tres posibilidades irrechazables de gol, y ha fallado ésas que nunca desairó.
Ya se explicó lo de Cámpora, de quien se esperaba un entendimiento explosivo con el “Bofo”, pero éste aún sigue en el limbo de la nostalgia por Chivas y esperando que en enero Jorge Vergara le cumpla la promesa de “repatriarlo”.
El caso de Tigres es para el psicólogo.
Un empate, sin poder marcar un $y teniendo en nómina a atacantes que supuestamente deben aportar anotaciones a raudales como “Kikín” Fonseca, Sebastián Abreu, “Loquito” García, el “Caviar” Gaitán y Guillermo Marino, hacen preocupante el momento felino, especialmente por el respaldo de Emmanuel Cerda y el tibio de Isaac Romo.
Lo de Tigres pasa por falta de liderazgo en la cancha. Todos esperan que Gaitán se sacuda la “flojera”, ésa que él mismo manifestó le da jugar en el futbol mexicano y que se encarga, semana a semana, de firmar y ratificar sin decoro.
El único que se atrevió a enviarlo a la banca, tal vez en arranque de congruencia en medio de su habitual demencia, fue Mario Carrillo, pero nunca encontró consistencia en sus relevos.
Por eso, entre la impaciencia y la desesperación, la guillotina, esa insaciable, apasionada depredadora del futbol mexicano, espera la víctima del próximo fin de semana.
