Hugo da un paso necesario y obligatorio
Con frecuencia, enfermiza a veces, Hugo Sánchez pierde la oportunidad de quedarse con la boca callada, pero, para su fortuna, sus actos y palabras recientes anestesian esos momentos de locuacidad disléxica.
Al margen del resultado de anoche ante Colombia, que seguramente sólo irá al estorboso acumulado de estadísticas, Hugo hizo la apuesta importante por la selección mexicana.
El proceso de renovación, de reforestación, mostrado con esta nueva etapa de evidencia, afortunadamente que tras la cruzada de la Copa de Oro y la Copa América, de insatisfactorio desenlace la primera y aceptable epílogo la segunda, Hugo parece dispuesto, esta vez, a cumplir su palabra.
Una selección rejuvenecida, con futbolistas que prometen pero más que por sus abundantes facultades como jugadores, por sus ambiciosas posturas como profesionales, como competidores y además como parte sustancial de un grupo.
Hugo Sánchez mostró el paquete de seleccionados olímpicos, que, claro, primero, deberá resolver con algunos problemas su pase a la justa deportiva más importante.
Dijo que de los “mayorcitos” deberá escoger los tres que el reglamento olímpico le concesiona, y que deberá elegir entre Ochoa, Magallón, Torrado, Correa y Omar Bravo.
A este grupo se le irán añadiendo en jornadas experimentales otras opciones y seguramente Hugo contempla las participaciones de Giovani, Vela, Guardado y Nery para los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
Lo importante es el primer paso: consolidar una base. Hugo sabe que contará con dos equipos diferentes para las eliminatorias y otro más para los mismísimos Juegos Olímpicos Beijing.
Y Hugo sabe la eliminatoria que le espera, México acudió a Atenas cobijado por una eliminatoria doméstica, jugada en México y con una persistente y agresiva campaña de la afición, hasta niveles lamentablemente extradeportivos.
Esta vez la cita preolímpica es en Estados Unidos, en una ronda final en la que el anfitrión y México gozan de todos los privilegios. La sede no es un misterio: el este del país, aunque por motivos económicos se empeñan en que se juegue en el Home Depot Center.
Y Hugo ha hecho una promesa que tiene que ver con cumplir promesas ajenas, pendientes del anterior entrenador. Ir a los Juegos Olímpicos implica el reto de meterse a la pelea por las medallas, algo que Ricardo La Volpe prometió y se quedó lejos de respetar tal oferta.
Con este grupo, Hugo tiene una ventaja: son futbolistas que crecieron bajo el icono del Pentapichichi. Lo admiraron antes, lo veneran e idealizan desde siempre y ahora, en el afán de algún día acercarse al olimpo donde viven sus memorias en España, tratarán de hacer lo que dice para ser como él era.
Si bien la enciclopedia estratégica de Hugo está enclenque en volúmenes, recursos y experiencia, tiene tres largos años para doctorarse como técnico nacional, luego de graduarse recién en la Copa de Oro y la Copa América.
Sin embargo, el discurso motivacional encontrará recipientes y receptores perfectos, por esa ansia de aprender.
Cada arenga, cada evocación y cada invocación de Hugo será bien recibida por cada uno de los juveniles involucrados en este proceso, porque además, cada uno sabe que en la medida en la que aporten lealtad humana, deportiva y profesional, estarán más cerca de ser involucrados en el proceso para la Copa del Mundo 2010.
Hugo tiene, pues, una generación envidiable.
Esta vez ha demostrado que puede darse el lujo de prescindir de los que se sentían imprescindibles y ha hecho sentir a los prescindibles que tienen estatura pero no complejo de imprescindibles.
Así pues, con paciencia, sin colgarle excesos a los resultados en la preparación, Hugo Sánchez ha incorporado un prometedor elenco de juveniles con experiencia internacional.
Además, demostró madurez al, aparentemente, dar marcha atrás a su firme decisión en Puerto Ordaz, de no recurrir nuevamente a los “desertores”.
Al explicar que no necesita que se ofrezcan disculpas, empieza por sepultar, al menos públicamente, los rencores, aunque es poco graciosa y poco coherente su salida de que “esas son mamonadas”, un término inexistente y que sólo sugiere infinidad de, es de suponerse, equívocas interpretaciones.
Como sea, al margen de esos deslices léxicos y disléxicos, Hugo ha comenzado su segunda etapa con decisiones prometedoras, inevitables es cierto, obligadas y obligatorias, también es cierto, pero definitivamente, esta vez, sabias.
Esto al margen de que sus aliados no parezcan serlo. Cuando él dice “sí, acepto”, hacerse cargo del Tri hasta 2014, sale Justino Compeán a decir que “lo dije en tono de broma, sólo estaba bromeando, la decisión no es mía”, o el mismo presidente de la FMF anticipa con tono imperativo: “Para enfrentar a Brasil [septiembre 12] estarán todos los europeos, incluyendo a Carlos Salcido, Ricardo Osorio y Pável Pardo”.
Con esos amigos, Hugo…
