Gallego no es nada gallego
Tristes Tigres. En los dos últimos años han gastado, que no invertido, cerca de 25 millones de dólares en refuerzos, finiquitos, contratos de técnicos, asesores, cambios de imagen.
Pensaron, como debimos pensar la mayoría, que de la mano casi infalible, casi bendita, de Américo Gallego, llegaría el fin de sus males.
Han contratado a los técnicos más caros del futbol mexicano, todos ellos por arriba del millón de dólares por año.
Desde Nery Pumpido, Ricardo Ferreti, José Luis Trejo, Mario Carrillo y ahora Américo Gallego.
Los dos primeros se quedaron en la antesala dolorosa de las finales, mientras que Trejo duró días y Carrillo permaneció más de lo que la directiva quería, por temor a la millonaria cláusula de rescisión de contrato.
Los cinco que ha llevado recientemente fueron ocasionalmente campeones. Pumpido, sin duda con un trabajo reconocido en Sudamérica, y Gallego, ganando siempre donde asumía el mando.
Los casos más recientes fueron los más escandalosos.
Trejo es contratado la misma noche en que se corona campeón con Pachuca y al relevo llega Mario Carrillo, quien en ese limbo en el que le gusta vivir, se creía aspirante a dirigir a la selección mexicana.
Su suerte estaba echada a las pocas semanas.
Gallego es ahora el villano que pretenden devorarse los felinos en esa despiadada seguidilla de ejecuciones.
La derrota ante Veracruz desbocó al “Tolo”.
Lo llevó a decir que a esos jugadores, millonarios todos ellos, había que educarlos y enseñarles todo en la profesión de futbolistas y, por lo visto, en modales elementales.
“Hay que enseñarles a ir al baño, hay que enseñarlos a orinar y a sentarse [en el inodoro]“.
Es decir, Gallego los idiotizó con esos conceptos.
Si los inhabilitó para comportarse como seres humanos, queda claro que los inhabilitó como deportistas de alta competencia, en franca desarmonía con sus salarios, la mayoría de ellos por encima de los 35 mil dólares mensuales.
El contraataque ha sido inmediato, anónimo además, cínico sin duda y deja en claro que, lejos de reconocer sus propias equivocaciones, siguen deleitándose en el canibalismo con el técnico en turno.
Los jugadores se sienten ofendidos por ser exhibidos.
Consideran las acusaciones del “Tolo” como “vulgares, de mal gusto, corrientes y ordinarias”, en las expresiones de estos Tigres que se sienten de alcurnia.
Queda claro que Gallego puede haber perdido la batalla.
El grupo de felinos, con las comodidades de tigres blancos de bengala, pero con modales, según Gallego y sus comportamientos, de mininos encanijados de callejón, han sacado las uñas y han puesto bajo amenaza al técnico.
“Eso no se lo perdonaremos”, han declarado a la prensa de Monterrey.
Listo. El técnico que sigue.
Listo. El siguiente candidote, más que candidato, a enriquecerse de manera inmediata, para ser sacrificado de manera inmediata.
Seguramente la explicación tan vívidamente escatológica hecha por el “Tolo” no goza de buen gusto, y menos para enterarse de ella a la hora del desayuno.
Lo más grave es que, ante la conjura en las sombras de los jugadores, ayer el técnico reunió a sus jugadores y les ofreció sus disculpas por sus declaraciones, bajo sugerencia o recomendación de sus directivos.
Ojo: eso no significa que no esté convencido de lo que dijo, ni significa que tampoco, metafóricamente, no sea esa la realidad de Tigres.
En estos casos, las disculpas de poco sirven. El daño, que pretende hacer el bien, está hecho.
El futbolista no olvida y, menos aún, perdona. Menos aún cuando lo protege el anonimato en el grupo y cuando la cruzada será colectiva.
Inteligente por parte de Gallego edificar esta tregua. Ya envió el mensaje y quedaron expuestos los males de Tigres, mientras quedaban reivindicados los antecesores en el cuerpo técnico. Ni Trejo era tan malo, ni tampoco Carrillo.
Lo cierto es que este equipo, con una de las nóminas más altas del torneo, causa lástima, especialmente porque todos siguen esperando que despierte el que desertó hace tanto tiempo, porque siguen esperando que resucite el “Caviar” Gaitán, confeso de su holgazanería, por “su flojera” de jugar en el futbol mexicano y quien en realidad, cada semana, cada juego, cada minuto, cada pelota que toca, está lejos de devengar esos 120 mil dólares mensuales que recibe.
Gallego se atrevió. Puso el dedo en la llaga, se lo untó de vinagre y sal, y estuvo hurgando fervientemente en la herida. Entregando a los responsables al juicio de la tribuna y dignificando las tristes historias de Trejo y Carrillo.
El problema es que en el futbol, como en casi cualquier ejercicio de la vida, “el que se mete a redentor, termina crucificado…”
