Giovani pone a soñar a todos
Giovani dos Santos debutó al fin. 30 minutos. Un bautizo de fuego ante el Athletic de Bilbao. Thierry Henry y Ronaldinho como padrinos. Uno en el cambio, otro en la cancha.
Habría sido espectacular su debut de no ser por la forma tan inocente de Rafael Márquez de hacerse expulsar al sumar dos amarillas en corto lapso: apenas 15 minutos.
Lo de Giovani fue una declaración abierta.
Demostró que está listo para jugar en cualquier escenario. Una jugada por izquierda en la que Ronaldinho le obsequia con un amague un gol en bandeja, el mozalbete la trabaja de izquierda, sin prisa, tratando de meter una comba en el ángulo izquierdo de los Leones de San Mamés, la pelota encogió tarde su curva y la pelota salió a un costado del poste.
Hubo una combinación por izquierda. Divirtiéndose, desesperando al adversario, Giovani y Messi se devolvieron la pelota tres veces, adormilaron la marca y después el mexicano desprendió por sorpresa a una zona limpia donde Messi, sin problema, entre los dos mastines, soltó una liebre, pero el servicio al área fue defectuoso.
Hubo dos manifestaciones evidentes de que en España, para el futbolista avecindado en esas canchas, el nombre del atacante ya genera expectación y respeto. En dos balones que recibió se comieron el amague de desborde por derecha y salió limpio, como en cirugía, haciendo el corte en la piel de la zaga bilbaína.
Sin embargo, también recibió la advertencia. En una jugada de contragolpe, en un alarde de frena y despega, con un zumbido de repentización, Giovani deja atrás a un adversario y en el relevo Koikili del Campo entra con la guadaña en ristre y el golpe fue duro, brutal. Roja para el bilbaíno, pero hubo dos lecciones: Giovani perdió el miedo a los golpes y Giovani aprendió el respeto a los golpes.
Tras la caricia cercenadora de Koikili, Giovani hizo todo un teatro, poco común en el futbol de España. Era claro que en el desplante y en la mueca había miedo. La primera falta había sido sin contemplaciones: la meta del agresor era detener, advertir y lastimar.
Tras el susto, Giovani se repuso y quedó claro que su espíritu estaba intacto. De ello se encargaron, por el inmediato y genuino apoyo, el resto de sus compañeros.
Fue pues un curso intensivo para el delantero mexicano que dejó en claro, por supuesto, que aún deberá aprender su peso y su espacio dentro del equipo.
Cuando Giovani entra a la cancha, Barcelona tiene el dominio completo del partido, sobrellevando el juego, concediendo espacio para que le cedieran espacios a la velocidad artística de sus jugadores.
Lamentablemente para su debut, Márquez se va y debe salir Ronaldinho en beneficio de Milito.
Como sea, Barcelona buscaba más. En esa labor, al menos dos balones fraguados en media cancha y con el eventual enganche en la jugada, los pases fueron a dar a zonas despobladas en la zaga del Athletic de Bilbao.
Sin embargo, en ambas acciones, Giovani, por esa persistente idea de desplazarse por izquierda —instinto suyo o decisión de Rijkaard—, pese a sus inteligentes diagonales, terminó corriendo a una zona distinta a la que terminaba el balón. Él buscaba complementar la jugada, mientras que Messi y Toure querían que él la terminara, que él definiera en la red.
Nada pues que el trabajo no termine por perfeccionar.
El paso inmediato para Giovani es igual de desafiante.
Su concentración con la selección de futbol mexicano le permite reencontrarse con varios con los que ha corrido la mayor odisea del futbol mexicano en su larga y poco fértil historia, como lo es la coronación en el Mundial Sub-17.
Llega a sumarse a un grupo de jugadores experimentados donde además hay ausencia de malicia.
En este nuevo grupo de la aventura de Hugo no aparecen ni remotamente malas personas. Aparecen triunfadores, en mayor o en menor escala, pero triunfadores, como debe verse a jugadores del Pachuca, como puede verse en la actitud común de los jugadores de Chivas.
Cierto a nivel de batallas ganadas, sin duda, el que mayores blasones tiene para presumir en este grupo es el mismo Giovani, no sólo por ese título que debe ser refrendado antes de que le salgan canas y termine por convertirse en una leyenda o un mito, sino además porque se da el lujo de jugar en la Liga de las Estrellas, con el equipo de las estrellas.
A su lado va a encontrar a un par de jugadores con los que va a llevarse de maravilla, dentro y fuera de la cancha: Nery Castillo, Andrés Guardado, y por supuesto su viejo amigo Carlos Vela.
Será curioso para Hugo Sánchez desentrañar esa relación entre un mocoso de 18 años que cumple sueños que muchos veteranos que tendrá en su concentración, ni siquiera se atreven ya, que ni siquiera osan ya, con soñar.
Sin embargo, es prudente insistir: el debut de Giovani fue una confirmación de los elogios sumados en la pretemporada, pero aún debe aprender todo, de todo y de todos.
