Del 4-4-2 a lo que mande Dios
Para muchos, de nada sirvió la victoria truncada de México sobre Panamá. Cierto, quien lo festeje y lo contabilice, estará jugando con las 30 monedas de Judas.
Pero decir, como lo hizo Hugo Sánchez, que para nada sirvieron los 45 minutos ante Panamá, es una falacia y es un error grave del líder del Tri y de su técnico, Sergio Egea, pensar de esa manera.
Que no vean, los que no quieran ver, ciegos por comisión. Y que no hablen los que no quieran hablar, mudos por sumisión.
Error, omisión o dolo, lo cierto es que, de nuevo, las pretensiones estratégicas del técnico de la selección, Egea, y de su auxiliar motivador, Hugo, fueron penosamente desnudados.
Mucho se ha hablado de los recursos del Tri. Mucho se ha hablado del famoso 4-4-2, socorrido en el mundo, predilecto en Europa, incluso en América en general.
Como sistema no es inservible. De serlo, sería una de las reliquias momificadas del futbol.
Lo importante es hacerlo, que tenga vigencia.
Es decir, puede ser el sistema correcto si no se usa con hombres equivocados, en posiciones equivocadas, con instrucciones equivocadas.
El 4-4-2 ofrece, según los que saben porque viven de eso, de las evoluciones estratégicas del futbol, hasta 17 variantes de recorridos dentro de lo que aparentemente suele ser rigidez y frigidez simplista en un esquema de futbol.
Ante Panamá, Egea y Hugo o Hugo y Egea, quisieron reinventar el hilo negro y el agua hervida, se suturaron con uno y se quemaron con otro.
Fue lamentable ver a Giovani dos Santos aislado, obligado en desventaja numérica a ir al hombre a hombre, al cuerpo a cuerpo, hasta en los balones por arriba, con tipos que le superaban notablemente en fortaleza y estatura.
A Giovani, bajo la intolerancia del 4-4-2 versión el matrimonio Hugo-Egea, lo aislaron y lo obligaron a convertirse en hombre de área, en punta de lanza, en el ariete de una ofensiva que tuvo, como únicos recursos, la imaginación de Andrés Guardado y la creatividad de Nery Castillo, respaldados en solidez con el trabajo de Guerrero.
Giovani quedó expuesto, abandonado. Fue un náufrago en el pretendido ataque de la selección mexicana.
Cuando se le entregaron pelotas, quedaba obligado a la odisea, quedaba sentenciado porque los defensas de Panamá podían aislarlo con facilidad funcional.
¿Necesita Hugo o necesita Egea conocer más y mejor a Giovani? Posiblemente, pero el mismo caudillo espiritual del Tri había dicho que lo conocía muy bien, que sabría sacar jugo a sus virtudes y que, además, se sentía “casi un padre para él”.
¿Habría estorbado descender un peldaño desde la Babel de su soberbia para preguntar, sólo por cortesía, necesidad y respeto, a Chucho Ramírez algunos detalles elementales para aprovechar mejor las condiciones de Giovani?
¿O qué tal rescatar los videos de la Sub-20 y de la Sub-17 o de los amistosos del Barcelona?
Giovani ha dejado en evidencia que sus zonas de recorrido no tienen límite, excepto cuando se le obliga a jugar como único habitante en el área, desconectado de los demás.
Giovani debió sentirse el domingo tan desconcertado como can en procesión.
Seguro no esperaba ver aparecer ni a Ronaldinho, ni a Thierry, ni a Eto’o, ni a Messi, ni siquiera a Yaya Touré, vestidos de blanco en la selección que ayer se vio, nuevamente, muy verde, pero seguramente el barcelonista esperaba, que por sus propias condiciones de perfil, tuviera acceso a jugadores como Guardado y Nery Castillo.
Por eso, aunque se insista que el pedazo de juego ante Panamá no dijo nada, queda claro que reveló mucho.
Queda claro también que ni Hugo ni Egea son tontos. La lección debió ser puntual. De hecho, lo interesante era en la segunda mitad observar cómo se había desentrañado el misterio en el vestidor y ver los ajustes de Hugo para que el potencial ofensivo de México, que lo tiene, apareciera.
El problema del autogol de Baloy y del diluvio que obligó a la suspensión del encuentro es que facilitó la reflexión comodina y mentirosa de que no sirvió para nada el desarrollo de esos 45 minutos. Verlo así y creerlo así, refleja ignorancia o complicidad. Y las dos son graves y preocupantes.
Por eso vale la pena insistir: el 4-4-2 es tan versátil como versátil sea la inventiva del instructor táctico de la selección.
Cabe otra doble opción: o unos no entendieron u otros no supieron hacerse entender. Igual de grave cuando el que habla no sabe hablar y el que oye no sabe oír.
Ante Brasil, mañana, será distinto. Porque los mexicanos saldrán a comerse una fruta gloriosa que aún no les ha empalagado como es poder vencer eventualmente al scratch de oro, que ya ante Estados Unidos demostró que displicente, casi aburriéndose, con muy poquito, pudo humillar, en cuanto quiso, a una guerrera, pundonorosa y obsesiva selección de Bob Bradley.
Ante Brasil no hay 4-4-2 que mande. “Ante Brasil sólo importa ganarle, quitarle siempre la pelota y tratar de hacerle daño”, explicó Jaime Correa después del triunfo en Copa América.
Es decir, del 4-4-2, a lo que mande Dios… y el jugador.

September 13th, 2007 a las 7:47 am
Maestro, un 10 para tu blog!!
He leido varios de tus articulos en la seccion de Deportes de La Opinion, y definitivamente creo que eres el mejor.
Necesitamos mas periodistas que hagan analysis objetivos como tu.
Saludos a la distancia,
Hector Orozco