Águilas sin alas ni cabeza
Hay cosas que ni se hurtan ni se heredan. La incapacidad de Guillermo Cañedo White para dirigir a un club como el América no sólo difiere, sino que contrasta de manera dramática, radical, con la eficiencia de su padre Guillermo Cañedo de la Bárcena.
Sin negar que hubo esqueletos en su armario, Cañedo padre no sólo tuvo en sus manos el desarrollo del América, sino el desarrollo de la misma empresa Televisa, por la cual y para la cual —y no por el futbol mexicano— consiguió las sedes y el control multimillonario de las transmisiones televisivas de dos copas del mundo.
Sin Cañedo y sus contactos, Emilio Azcárraga Milmo y Televisa no hubieran trascendido gracias al futbol, como lo consiguieron sin olvidar que ambas competencias, la de 1970 y la de 1986, tuvieron jornadas nefastas en los primeros días de transmisiones.
No lo dude, porque esto lo confirma cualquier miembro contemporáneo a él en la FIFA y la Concacaf, si el cáncer no hubiera consumido a Cañedo de manera tan brutal, era el candidato directo a heredar el trono del futbol mundial. En las consideraciones de Joao Havelange, Cañedo siempre estuvo por encima de Joseph Blatter.
Pero esa sensibilidad, ese olfato, ese don de mando de Guillermo Cañedo padre, no pudieron ser heredados.
Sólo adquirió el apellido que le ha servido para abrirse puertas, para hacer negocios, para mantenerse dentro de una empresa de la que fue ya una vez echado de manera indecorosa, y para regresar a ella todavía de manera más indecorosa, y si no, baste recordar el pasaje en el que Azcárraga Jean decidió un día bautizar el Estadio Azteca con el nombre del padre para después, tras el conflicto del hijo, “desbautizarlo” sin miramientos y restituirle el nombre original.
A pesar de ese insulto al tronco familiar, Cañedo regresó al que una vez fue feudo de su padre, y donde sus decisiones sobre asuntos internacionales eran calibradas con la misma fuerza que las del “Tigre”.
Para el hijo, la jornada ha sido de decepciones tras decepciones, de tropiezos tras tropiezos, y de mantenerse con pinzas de súplicas deplorables dentro de la institución.
El pasaje más reciente es el de Luis Fernando Tena.
Tena fue advertido de que o ganaba a Tigres o se iba.
Lo malo es que la sentencia no llegó directamente de Cañedo, sino a través de los aspirantes y aprendices a vicepresidentes, Jon de Luisa y Pedro Portilla, genios para dilapidar millones y para encontrar refuerzos lesionados como los casos de Carignano y Bilos.
Ellos se enteraron del ultimátum y decidieron hacerlo oficial ante Tena por iniciativa propia, que en su caso, semejante arrojo, es tan peligroso como un chango curioso con un revólver en un elevador.
Es decir, nuevamente, como en la época de Manuel Lapuente, los mandos bajos de la institución se sublevan de manera obscena y ridícula.
La cabeza administrativa del equipo, Cañedo, quedó puesta en evidencia por parte de sus colaboradores.
Y el razonamiento no admite réplica: si Cañedo es sujeto de sorna, quien lo respalda recibe el mismo trato, en este caso Azcárraga Jean. Es decir, el efecto del Tonto de la Colina siempre alcanza al que está en la parte más alta de la pendiente.
Y este América se ha convertido en el hazmerreír, arrastrando en esas instancias al presidente y al propietario.
De entrada, Guillermo Cañedo padre aprendió a decidir lejos de los reflectores. No era poder en la sombra. No había duda de quién mandaba en el equipo, pero para ello contaba con dos hombres que daban siempre la cara: Ramón Martínez y Panchito Hernández.
Aquel Cañedo tenía en claro que ni él pasaría vergüenzas por errores ajenos, ni permitiría que su amigo, patrón, socio y compadre, Azcárraga Milmo, pasaría vergüenzas por errores suyos o de sus subordinados.
Ahora ya no hay dignidades ni personalidades blindadas.
Es curioso cómo Tena sobrevivió el torneo anterior pese a no contar con refuerzos ante los desahuciados Carignano y Bilos, quien sólo tuvo estertores de rendimiento en la recta final, pero ahora, pese a la salida de Cuauhtémoc y a que Insúa, Rodrigo López y Castroman están en proceso final de adaptación, se le acosa sin consideraciones.
Hay rumores de que un tipo arrogante, pero triunfador, como Carlos Bianchi, y con Daniel Brailowsky como auxiliar, podría tomar el equipo. Parece complicado, sin olvidar los fracasos del “Virrey” por sus desplantes de reyecito demente con el Roma de Italia y el Atlético de Madrid en España, que le significaron un clima hostil en el vestidor y que sus propios jugadores lo echaran.
Es entendible que América decida respaldar a Tena, no como muestra de que desafía las presiones externas o de que tenga fe en la capacidad del técnico, sino al momento y al calendario futbolístico.
Al América le esperan tres juegos complicados: este fin de semana su hermano sacrificable, el San Luis, y después a media semana irá con un Pachuca que no va a tener conmiseración ni misericordia, y cierra con Cruz Azul.
Es decir, tres equipos nutridos por un especial y morboso interés de ser verdugos del América.
Es difícil que exista un valiente capaz de aceptar esa seguidilla de retos y la presión heredada.
Para Tena no hay más remedio. Es su oportunidad… incluyendo la de ganar de visitante.
Como un condenado a muerte, tiene nada que perder y todo que ganar.

September 18th, 2007 a las 8:39 pm
Bunas Noches Senor Villagran,
Primeramente me declaro un admirador de sus columnas. En relacion a su articulo, de que manera puede el Senor Azcarraga Jean logra mantener a Canedo tras tanto contrapie? No soy americanista, y gozo de su sufrir. Sim embargo, el morbo me motiva a saber que ocurre tras bambalinas que mantienen a este senor proporcinando tantos suculentos fracasos de las urracas.
Ahora, en una nota personal, y entendiendo que Morelia no es un equipo de jerarquia, dediquenos su opinion y nociones con respecto a este conjunto.
Respetuosamente
Miguel A. Hurtado