El muerto saltó del ataúd…
Vaya jornada la del martes. El intocable, dejó de serlo y el agonizante goza de cabal salud. Los protagonistas están a la vista.
1.- Miguel Herrera, quien finalmente dejó el Monterrey a pesar de la paternal protección de Luis Miguel Salvador, quien antes que ofrecer su cabeza condenó la del amigo, víctima, por supuesto, de los reincidentes fracasos y de los desafortunados resultados.
2.- Luis Fernando Tena, quien ya tenía finiquito, sustituto, despedida, discurso y maletas listas para dejar al América, porque hasta su directiva consideraba imposible imponerse al Pachuca en su propia madriguera tomando en cuenta la perseverancia americanista para fracasar como visitante.
Lo de Herrera era ya insalvable.
Así como tenía comprometida a cierta facción de su directiva, asimismo, estaba comprometido con cierto grupo de jugadores, que muy al estilo lavolpista, conformaban el grupo de control en el vestidor, en el cual encajan los Arellano, los Ervitti, y el grupo de afiliados que controlaban a un equipo que había dejado de serlo dentro y fuera de la cancha.
La llegada de “Chupetes” Suazo parecía garantizar el éxito del proyecto.
“Tenemos los goles que necesitamos con Suazo”, había dicho Herrera, ufano, confiado en que el chileno llegaría con la catarata de goles a provocar la catarsis triunfadora en el equipo, especialmente porque fue la transacción más cara en el futbol mexicano: ocho millones de dólares.
No funciona. Hay quien dice que porque el grupo lo repele y hay un ambiente hostil hacia él por su comportamiento altanero.
Hay quien dice que el jugador simplemente, en el cambio de escenario, no ha podido encontrar su línea de rendimiento.
¿Problema de adaptación? Bueno, habría que pedirle la misteriosa receta al venezolano Giancarlo Maldonado, quien con poco cartel y a un plantel modestísimo, no ha tenido problema para firmar con goles su acomodo en el balompié.
Monterrey ya no es el que llegó a ser con Herrera. Sus jugadores clave no le obedecen y si su exigente sistema de juego, basado en la dinámica y la concentración, no tiene fieles misioneros en la cancha, el equipo está muerto.
De hecho, Herrera vivía horas extras. La derrota en el Clásico ante Tigres debió significar su salida, pero ya la forma en que obscenamente fueron mareados por los desajustados Tecolotes, fue el colmo.
El segundo caso parecía más sencillo para que la guadaña funcionara.
Tena era víctima propiciatoria.
América tenía hasta preparado el anuncio de su nuevo técnico, Daniel Brailowsky, para ayer mismo.
Pero el luto no fue para Tena, sino para quienes planeaban su salida y su sustitución.
Los que se regodeaban con la ejecución terminaron ejecutados por la victoria del América sobre el Pachuca.
Y no fue sólo el triunfo lo que rescató a Tena. Fue el trámite mismo del encuentro y fue, por supuesto, la ovación inesperada en la tribuna: cuando los que vituperaron antes, vitoreaban ahora.
Tena había recibido el privilegiado indulto colectivo. El condenado era perdonado. El villano era héroe. El tonto era un genio.
El Diablo era Dios, por decisión magnánima del pueblo, y en el futbol, a veces, pocas veces, la voz del pueblo es la voz de Dios (”olééé, olééé, Tee-naaa, Tee-naaa”).
Pero, siempre el pero. El perdón para Tena no tiene fecha de caducidad, pero tampoco de garantía. América y su técnico deben responder ante Cruz Azul con cifras contantes y sonantes. Un triunfo ante La Máquina significaría el visado de inmunidad hasta el fin del torneo.
Sin embargo, no hay que olvidar que nada está escrito. América, en liguilla, en cuartos de final, estuvo 3-1 sobre Tigres hace unos torneos y en su regreso, en su cancha, contra todos los pronósticos, Tigres le recetó 4-1, y lo eliminó, aunque en aquella ocasión errores de Mario Carrillo propiciaron esa debacle.
Es decir, los antecedentes del mismo América son los que mantienen con vida al Pachuca para el próximo miércoles en el Azteca.
Por eso, Luis Fernando Tena debe asimilar el mensaje poderoso en la vieja sentencia del futbol: el entrenador es hijo de los resultados.
Por lo tanto, el mismo Tena que hoy respira y puede pasearse, diría Bilardo, por Paseo de la Reforma, en el corazón chilango, con traje blanco y camisa en rojo, tiene una vida comprada a plazos.
Es, lamentablemente, un condenado a muerte que deberá renovarse la esperanza, cada jugo, cada fin de semana.
Que no es justo, no lo es. Que no lo merece, tampoco. Pero en el futbol la piedad no existe.
