Artistas, talacheros y zombies
Vaya liguilla. Tres que hacen del futbol un lujo, tres que apuestan por el resultado y los dos menesterosos del “despechaje”.
Como siempre, la liguilla es más resbalosa que la casa de un jabonero para jugar al Nostradamus.
Pero como en el futbol nadie se ha muerto de equivocarse…
Por lo pronto, las ruinas miserables de los vencidos en el repechaje no deben engañar a quienes miren con asombro a Cruz Azul y Morelia.
No le ganaron a nadie, si acaso a su propio pánico al fracaso.
La Máquina terminó por rematar a un Pachuca en estado de coma, víctima de dos circunstancias:
1.- Es un equipo harto de ganar. No de la miel de la victoria, sino de la prolongada secuela de sacrificio, lucha, abstinencia, compromiso, presión y resistencia. Pachuca alcanzó el clímax de rendimiento lógico como grupo y como jugadores.
El declive es inevitable. “No hay equipo capaz de ganar siempre ni de ganar todo”. La sentencia, profética, premonitoria tal vez, de Enrique Meza, la soltó antes de arrancar el torneo.
2.- Las ausencias de dos jugadores clave: Aquivaldo Mosquera y Miguel Calero. Esa defensa sólida, impenetrable casi, se desmoronó, se cayó a gajos. El equipo debió replantearse ese futbol adicto a la victoria para jugar con el triunfo como una opción y no como el único ideal.
Pachuca llegó ante Cruz Azul pidiendo sepultura, paz, reposo. Espíritus cansados en piernas cansadas. Su resurrección puede, y sólo puede, tener lugar en el Mundial de Clubes.
Y Cruz Azul aprovechó. Sin piedad. Sin pausa. Sin recato.
Ante el Atlante encontrará un equipo modesto en la trinchera y molesto al ataque. De ésos que le gustan a Sergio Markarián. Hay un sello común de experiencia en liguillas, y será resuelto más por la consistencia que por la persistencia en el buen trato del balón.
Morelia ganó en el marcador, pero Daniel Brailovsky, al quedarse sin fortuna, sin inspiración, a la hora que debió ser técnico, se le fracturó el pizarrón.
Escogió mal en el de ida y planeó peor en el de regreso. Entregó la media cancha, partió a su equipo, jugó en dos escenarios diferentes y Morelia no hizo más porque se asustó de las facilidades que le dio el América con esa llanura en media cancha, al grado que jugadores domo Leyva, Thiago y hasta Landín se tiraron conducciones libres del balón de 20 metros o más.
Eso ya no existe en el futbol mundial, a menos, claro, que el encargado sea Messi, Ronaldinho, Robinho, o genios de esa clase que en Morelia no existen.
El sueño de Morelia podrá vivir 90 minutos, ante las ausencias de Christian Benítez y Matías Vuoso en el juego de ida con la impresionante orquesta de futbol que es el Santos.
Extremos opuestos en madurez y trapío en liguillas entre David Patiño y Daniel Guzmán. Un trámite, complejo, pero trámite.
Los dos juegos restantes son para seguirse en vivo. El duelo entre Toluca y Pumas con las ausencias por las eliminatorias sudamericanas, será una delicia para los puristas de la estrategia, con dos de los técnicos más astutos y visionarios del futbol mexicano. A Pekerman y a Ferretti no hay quien les invente cuentos.
Si el Toluca de Pekerman es un relojito, las ausencias de Vicente y Da Silva son fracturas que la velocidad de Pumas en terrenos bien seleccionados pueden causarle daño desde el juego de ida.
De hecho, es en CU donde Toluca se juega su futuro.
Si los mexiquenses salen vivos, serán favoritos, pero un gol en contra, con la sabiduría ladina del “Tuca” puede ser lapidario.
Y si los Diablos Rojos abren de más esas puertas con candado que tienen, les pueden caer encima.
¿Chivas ante San Luis? Para bien del espectáculo, sería benéfico que Guadalajara arrancara con un gol tempranero para ver a plenitud a un San Luis desesperado, pero sin desesperación, presionado pero sin presión, para que obligue a sus hombres a rebasar esas fronteras tramposas del tercio central de la cancha.
Si el despertar de Omar Bravo es genuino, si la regañiza al inconforme de Gonzalo Pineda surtió efecto, si se dejan de cometer esos errores en los linderos del área, Chivas sólo debe pasar a ventanilla.
De otra manera, si el desenlace debe llegar por la constancia y efectividad en el ataque, el poderío letal de Alfredo Moreno y cuando se reincorpore en el de vuelta, el sello de Tressor Moreno, van a poner a sufrir al Rebaño, que atrás sigue siendo un equipo con altibajos.
Deseable, lógico también, sería que Chivas, Santos y Atlante siguieran adelante, porque la liguilla merece tener un guiño de saludable concepto y respeto al futbol, y para que el contraste sea evidente, cualquiera puede funcionar: Toluca y Pumas.
¡Ah!, por supuesto, no olvide la preciosa irrupción de los árbitros mexicanos que, imagínese usted, tienen a Marco Antonio Rodríguez como su mejor exponente en este momento y para colmo el “Chiquidrácula” irá como emisario al Mundial de Clubes, dejando todo en manos de los Archundia, los Glower, los Abramos, los Delgadillo, etc.
Ellos, como en tantas liguillas, por incapacidad, por dolo, por equivocaciones, por decisiones, han torcido los destinos de la lógica, de la cancha y del futbol.
