Excepciones a la doctrina del fracaso…
La separación tan anunciada, y aún no consumada, de Rafael Lebrija como presidente del Toluca, ha puesto en el aparador una nueva figura transferible en el futbol mexicano.
Si bien en el deporte de primer nivel el puesto de gerente o de director de futbol o de director de deportes cobra un realce especial.
Baste revisar cómo en Estados Unidos, antes de armar un equipo, puede darse el pirateo de directivos entre equipos de la NFL, NBA y MLB.
En Inglaterra ocurre lo mismo y los clubes españoles han ido tomando esa modalidad. Para que los funciones bien, los de los futbolistas, la cabeza, de un directivo sagaz, debe funcionar mejor.
No siempre el propietario de un equipo puede ser un buen administrador, deportivo especialmente, del mismo.
En Toluca, por ejemplo, se presenta un fenómeno absurdo, obsceno casi.
Hay equipos con la chequera voraz e hiperactiva para tratar de arrebatar a Vicente Sánchez, Ariel Rosada y Paulo da Silva de sus filas.
Cotizaciones cercanas a los cinco millones de dólares se manejan por las cartas de estos tres futbolistas, todos ellos con un eficiente rendimiento en las proezas del Toluca.
Es curioso cómo en lugar de contratar, a un precio menor, al hombre que ha llevado a esos jugadores al Toluca, prefieren deslumbrarse con los futbolistas.
Con algunas historias apestosas a azufre, ninguna comprobada seriamente, Lebrija se ha convertido como sea en un empresario generador de títulos.
Antes de su arribo al Toluca, era un infierno en crisis y su mejor historia se remitía a la presencia de aquel título tacaño, manchado por el antifutbol, co$se le llamó entonces, con el uruguayo Ricardo de León.
Lebrija llevó a jugadores útiles, redituables, sustanciosos y se pueden sumar a los mencionados a un Zinha, un Cardozo, un Morales o un Cristante, que no sólo llegaron y triunfaron sino que se comprometieron ávidamente con una camiseta y una institución.
Lebrija lleva a técnicos que despertaban dudas: Enrique Meza, Ricardo La Volpe, Américo Gallego y José Pekerman, quien es buscado ahora por River y hasta Julio Grondona debió humillarse y acercarse a él por si la salud de Alfio Basile lo obliga a dejar a la albiceleste.
Todos, menos Pekerman, dejaron un trofeo en las vitrinas y Meza dejó varios.
Lebrija es el directivo con más títulos en la historia reciente de México.
Ahora está en divorcio con Valentín Díaz, el hijo de Don Nemesio, el hombre que entregó el Toluca para convertir el infierno en un paraíso y Lebrija le respondió.
La separación debió consolidarse el lunes y todavía sigue en suspenso.
Sea como sea, el presidente del Toluca tiene toque mágico, y vale insistir en ellos, a pesar de rumores perniciosos a su alrededor.
Clubes en auténtica vergüenza y descrédito deportivo, como Cruz Azul, Tigres, Necaxa, el mismo América, se lanzan hambrientos por los futbolistas que han hecho fuerte al Toluca en lugar de contratar o de formar o de educar a alguien para que haga lo que hizo el mismo Lebrija.
Al directivo toluqueño los directivos le guardan respeto. Su carácter duro,. Beligerante a veces, confunde e intimida a algunos dueños de equipo. No hay que olvidar cómo se dio de golpes en el vestidor del Estadio Azteca, cuando México vence a Honduras y clasi$al Mundial 2002, y Alejandro Burillo Azcárraga lo quiso echar del recinto.
Hay otro caso parecido: José Antonio García en el Atlante, un equipo que pertenece a Alejandro Burillo, persona non grata para el futbol mexicano, aunque no ha sido declarado en tal instancia como los casos de Emilio Maurer y Guillermo Lara. Con Burillo no se atreve ni el mismo Azcárraga Jean, primo de sangre y enemigo en cuestiones de negocios.
García es un empresario exitoso con una marca deportiva de regular calidad como Garcis, tan de regular calidad que ni siquiera tiene una versión pirata en los tianguis de México.
Pero Garcis ha sido un elegido en su función de presidente del Atlante.
Con un presupuesto mucho menor que el de Toluca, ha puesto ahí a “Chamagol”, Luis Gabriel Rey, Vilar, Galaz, y ahora a Nkong –desechado pro Colorado Rapids— y a Giancarlo Maldonado. Se equivocó con Asprilla, peor lo hizo más por ceder ante la decisión de Burillo que por convicción.
En cartera tiene a Dayro Moreno, un espectacular goleador colombiano y a José Sand, delantero del Lanús argentino.
A algunos de los primeros, los compró en miles de dólares y los vendió en millones de dólares, tal y como hizo el mismo Burillo con el Centro de Alto Rendimiento, a quien le costó cinco millones de dólares el complejo, pero lo vendió en 12 a la FMF.
Ha ido usando sus propias fuerzas básicas como técnicos, desde La Volpe, pasando por Miguel Herrera, el “Profe” Cruz y René Isidoro García, apegándose a un precepto de hacer buen futbol.
Si la escuela de Vergara, polémica, advenediza a veces, ha generado éxitos, los casos de Lebrija, García y por supuesto Jesús Martínez con Pachuca, son modelos a seguir, y de entrada, de enganche, son menos onerosos que despilfarrar en contrataciones aventuradas.
