Campeón inClemente
CANCÚN, México.— Es el sabor inenarrable de la espera. Y ellos lo saben, los atlantistas, recolectores de frustraciones. Cuando el balazo de Clemente Ovalle sonó brutal en las redes de Pumas al 85’, fue como el mazo del juez sentenciando al campeón con veredicto de justicia, por lo que hizo en 17 semanas, contra el poderío de unos Pumas conquistadores de la liguilla.
2-1 con letras de oro en la breve historia de conquistas de Atlante. 2-1, el epitafio universitario.
Atlante, campeón del Apertura 2007, su tercer título en la ancianidad de su casi centenario, la más reciente hace 14 años.
Campeón después de una brega intensa, a veces desventajosa, a veces favorable, y por supuesto de esa copa, de ese trofeo, la mordida mayor le pertenece a Federico Vilar, que de nuevo en tres ocasiones, en condiciones de fusilamiento, salvó a su equipo.
Partido de poco preciosismo, de poca exquisitez, de sudar, meter, pelear y perseguir. Giancarlo Maldonado abrió la ilusión, Ismael Íñiguez puso una pausa y un brutal disparo de Clemente Ovalle decidió el juego.
En la insensatez de la locura, mientras los atlantistas recolectaban el granizo empalagoso de la ovación y los aplausos, Alain Nkong, el amuleto, se sumergió en la marea de la tribuna.
Luego el ritual. La lluvia de confetti azulgrana, El apadrinamiento de We are de Champions con el beso musical imperecedero de Queen. La vuelta olímpica ante una afición delirante, estremecida, sacudida, que no sabe cómo celebrar porque se ha coronado antes de adaptarse al mundo nuevo del futbol.
Trémula, ansiosa, la tribuna restaba minutos y sumaba dudas. Abarrotada, fraccionada, estentórea con el grito de “Poooootros”, mientras el sonido local vomitaba bufidos y relinchos de un semental encerrado en un harem de yeguas en celo. La minoría puma tenía a resguardo su propia artillería, paciente, esperanzada.
Habían contemplado la fábula maya de la creación con el ballet folklórico de Cancún. Una ejecución de minutos para homenajear milenios de una estirpe majestuosa que aún es hija y madre de misterios de la humanidad.
Pero todo termina… y todo comienza para que todo termine. Armando Archundia rompe la espera nerviosa, sabiendo el laborioso trabajo de parto de 90 minutos para un campeón tras 21 semanas de gestación.
Nerviosismo, imprecisiones, marcan el inicio. Atlante equivoca en dos salidas de Mustafá que duelen en contragolpe, Pumas recupera y maneja con calma. La pelota está arraigada en cancha azulgrana.
En ese asedio, la primera de Archundia: Ignacio Scocco recupera en una de esas salidas atropelladas. Pisa el área… ¿cae? ¿lo empujan? El silbante aumenta el descrédito porque ni apunta al manchón ni saca amarilla.
Pero Pumas es mejor navegando en la marea de la inestabilidad ofensiva con el balón en los pies.
Atlante equilibra y “Tuca” reordena: su doctrina favorita del contragolpe. Y procede. Para que aparezca, como siempre, Vilar, quien a los 29’ sale y le empequeñece el escenario a Solari, cuyo disparo sale rebotado en la humanidad del puma, y el remate se pierde en el cenote mundano de la tribuna.
Y a los 33’ de nuevo el portero azulgrana. Esta vez Sambueza, con todo a favor, pero de nuevo Vilar le angosta el universo del gol: “Olé, olé, olé, Vilaaaaar, Vilaaaar”.
El contragolpe universitario es arma letal y Vilar no es infalible. A los 36’, por derecha, ataca Pumas, el arquero titubea, decide mal, la pelota lo rebasa, cruza con olor a drama el área, pero el pie de Sambueza se queda a un par de centímetros de la gloria.
Con Atlante atacando sin saber atacar, y Pumas deleitando con la frontalidad hiriente de sus contragolpes, Archundia manda al descanso. 0-0.
Regreso. Atlante trata de jalar la rienda en media cancha. Mete a Arturo Muñoz por Guerrero. Apuesta de riesgo ante el oficio puma.
59’. El que a contragolpes mata, a contragolpes muere. Pumas encima cinco contra cuatro. Pelota dividida. Pumas se descuida y el 1-0 estalla.
Un gol largo, largo. Dramático. Como un capricho de Hitchcock.
“Chícharo” recupera y, atropellado, mete al frente el balón. Verón duda y muere. Maldonado escapa, solo, encara a Bernal, lo elude y, con el arco abierto, se da un lujo con un recorte más para ponerle histeria a este gol de historia, y solo, a solas, la empuja a copular la red. El marcador se enciende del taciturno sopor del 0-0, y la tribuna se incendia. 1-0.
A los 67’ ambos van por todo. Atlante mete a Nkong por Toledo. Pumas a Íñiguez por Sambueza.
La vida y la muerte en el contrabando de la estrategia.
Pumas cobra de inmediato. Solari remata al poste y cuando el suspiro de alivio azulgrana aún no terminaba, se convierte en estertor, porque el remate de Íñiguez pone fin al veto y al reto impuesto por Vilar a la ofensiva puma. 1-1.
Pumas repliega. Demasiado. Incluso saca a Leandro y mete a Chiapas, aunque pierda fuelle. Deja la llanura al Potro. Pereyra la tiene al 79’. La bombea sobre la salida de Bernal, pero sin fuerza, mientras el “Hobbit” se lleva amarilla por querer fabricar un penalti, mientras Nkong, al 83’, le quiere pegar con el alma y le pega horroroso con el calcetín, cuando Atlante manda, pero no define.
Cuando el reloj agonizaba, cuando parecía que el drama se extendería sin extinguirse con los 90’, aparece un rebote de Pumas, manso, rebotón, aparentemente inocuo, irrelevante. Pero ahí, en donde parecía que no había milagro, aparece inclemente el balazo de Clemente Ovalle. Una parada de mula en pie de un Potro que revienta con violencia en el ángulo derecho de Bernal. 2-1.
La pasión enmudece. Un silencio de luto. Pero también un silencio de gloria. Casi se escucha el alarido de Ovalle antes que el orfeón galopante de la tribuna.
Archundia extiende el suspenso. Cuatro minutos de compensación. Pero Pumas estaba roto. La salida de Leandro tenía el azufre del suicidio.
Y el plazo se cumple. Verón, Barrera, Moreno, sucumben y hunden el rostro en el césped, mientras los atlantistas corren a sepultar en la pirámide electrizante del triunfo sobre el cuerpo ametrallado y cansado de Federico Vilar.

December 12th, 2007 a las 8:38 pm
Ese mi Rafa arranquese con el idioma de Cervantez. Mire mi Rafa yo vivi algunos anos por los angeles y yo se usted como yo nuestro equipaso es Atlante me imagino que ha de estar muy contento como llovisnando diria ud. jaja pero q si estaban duros eso pumas verdad? pero solamente de esa forma los podiamos matar con el centellaso de Clemente Ovalle una chulada de gol verdad? bueno un gustaso saludarlo por este medio y ahora lo saludo desde Wichita KS. felicidades mi potro mayor y a disfrutar nuestro campeonato somos pocos potros pero bien peinados bueno ud. ya ni pelo pero le gustava peinarse jaja.