La rebelión de los colgados
CANCÚN, México.— ¿Existe la justicia en el futbol? Pumas dirá que no, Atlante dirá que sí.
Tal vez la reflexión más clara y franca sea la de Ricardo Ferretti en la víspera de la final.
“Los dos merecemos ganar, ninguno merecemos perder, pero sólo hay un campeón”, había dicho.
Partiendo de la lógica del desenlace, incluso, es complicado deslindar méritos.
Lo cierto es que los goles, estupendos ambos, firmaron la coronación atlantista.
Pero, ¿y si Federico Vilar no hubiera atajado o si los delanteros de Pumas no hubieran fallado esas tres oportunidades inmejorables de gol en mano a mano con el arquero atlantista…?
Pero, también, ¿y si Clemente Ovalle no hubiera hecho ese gol que difícilmente repetirá en su vida?
Al final prevalece el resultado.
Atlante coronó lo que hizo en 17 fechas, ratificó lo mostrado ante Cruz Azul y se deshizo después de dos portentos de equipos: un Chivas que es un obsequio en la cancha, y un Pumas que podrá no ser entretenido, ni espectacular, ni un regocijo para la vista, pero que tiene unos cimientos estratégicos inmaculados.
Lo irónico para la UNAM es que el argumento con el que mató a sus adversarios fue el arma con la que terminó ejecutado.
Luego de ser una propuesta variada e impresionante del contragolpe y del disparo de media distancia en la última fase del torneo y en la liguilla ante Santos y Toluca, fue así como lo sentenció el Atlante, con una descolgada llevada de manera imponente por Giancarlo Maldonado y el zaptazo despiadado de Ovalle.
Atlante, cierto, renunció a la ofrenda de cada semana, especialmente ante Chivas y ante Pumas.
Incluso el “Profe” Cruz estableció a este reportero que la lección que le dio el Guadalajara para saber defenderse en el Jalisco y en Cancún terminó por graduarlos para disputar el título.
Atlante montó su trinchera en cuatro partidos, jugaron, mezquinamente, al descuido del rival, encomendándose a las proezas de Vilar.
¿Es válido ser campeón así?
Lo es.
Lo que pasa es que esa frase de “ganar como sea” —recurrente, mire usted, en dos defensores del futbol de ataque como Ricardo La Volpe y Hugo Sánchez—,suele ser un recurso para establecer que el fin justifica los medios.
Esa frase significa recurrir a todo lo que permite el deporte y que no aparece ni en las letras pequeñas del reglamento. Ganar como sea significa ganar a costa de todo y de todos.
Es decir, perder los escrúpulos, eso significa.
Algo queda claro: Pumas nunca mostró ni arrobo ni embarazo por usar un futbol que de lo práctico pasaba a lo tacaño. Ni el Toluca de Gallego ni el Monterrey de Passarella, ni el Necaxa de Lapuente o de Arias, mostraban la menor vergüenza por hacer lo que hacían.
Queda claro que el clímax del futbol es el gol, porque es el juez que determina la victoria que, en esencia, romántica, por supuesto, debe pertenecer al artista, y quienes argumenten que saber defenderse es un arte, esconden íntimamente que es el arte de la destrucción la base de ese comentario.
Como sea, sin haber sido el espectáculo trepidante, Atlante, apegado a reglamento y a la esencia del futbol, ganó 2-1, es campeón. Que se consuele con ello quien así lo quiera.
¿De qué va a servir este campeón y este campeonato?
Habrá que ver si Atlante es capaz de sobrevivir a la grandeza de su propia victoria y si Pumas es capaz de sobrevivir a la grandeza de su propia derrota.
Quienes merecen el homenaje son los jugadores atlantistas.
Todos, dicho está, salieron de la ignominia. Estaban desahuciados, salieron baratos y abaratados al establo azulgrana, que además se mudó a Cancún, donde se pensaba encontraría el fin de sus días y su retiro espiritual.
Mire usted: Pereyra, Ovalle, “Chícharo”, Nkong, por citar algunos, llegaron a refugiar su carrera indigente en el Atlante.
Y esto demuestra que el futbolista honesto, el arrepentido, el que se siente en deuda consigo mismo, el que sabe que es más de lo que los demás piensan de él, es capaz de inventar proezas, más aún cuando su técnico, como José Guadalupe Cruz, venía del mismo limbo de donde venían ellos.
La Rebelión de los Colgados. Es el título de uno de los cuentos de Bruno Traven, recreado en parajes y páramos de México. Bien puede pedírsele prestado para esta tropa azulgrana que volvió del leprosario.

December 11th, 2007 a las 1:32 am
Hola Rafa,
Llevo muchos anos gozando de tus articulos y de tus comentarios. Me recuerdas mucho a Jim Murray de Los Angeles Times.
Estando tan lejos de Los Angeles, en Jordania,me emociona aun mas leer to columna.
Un abrazo,
Hugo
December 17th, 2007 a las 4:01 am
mucho delomismo tienes queaser mas algrano porque repites y repites lo mismo.