México y EU, hermanos, ‘brodis’, carnales, panas…
México y Estados Unidos, ¿vecinos distantes?, cada vez menos, sin duda. ¿Vecinos distintos?, también, cada vez menos.
Hablando de términos futbolísticos, estrictamente.
Que muere el InterLiga. Ni remotamente.
Que no regrese la SuperLiga. Ni remotamente.
De hecho, la relación entre los balompiés de ambas naciones se fortalecen, en la discordia, en el recelo, pero con el catalizador, con la catarsis, con el analgésico del dinero de por medio.
Y el dólar no causa dolor.
Tan se fortalece esta relación que la llegada de Will Wilson al frente de SUM, en términos operativos, terminará por consolidar los lazos.
SUM es una empresa presidida por un hombre en esas sombras misteriosas de la opulencia, como lo es Doug Quinn.
Su brazo derecho durante los últimos cinco años fue Nelson Rodrigues, quien montó el aparato logístico que mantiene con solidez al InterLiga, la SuperLiga y por supuesto los juegos del Tri en Estados Unidos.
Ahora Wilson ocupa el lugar de Rodrigues. No es cuestión de incapacidad del que sale, sino que el que llega tiene un roce intenso con hábitos, necesidades, mañas, requerimientos y exigencias de los dirigentes mexicanos.
Wilson ha estado a cargo de los aparatos organizativos de la NFL México, de Champ Car México, además de otras asignaciones que, como se sabe, han fructificado poderosamente entre los mexicanos, a pesar incluso del desafío financiero en costos.
Rodrigues permanece en SUM, pero con funciones específicas de allanarle el camino a Wilson en territorio estadounidense.
Que no le engañe el nombre. Will Wilson es inglés con un evidente dominio del español y sus mexicanismos, y de la forma desorganizada de organizarse del mexicano.
Con Wilson se inicia una nueva etapa para estas relaciones entre México y Estados Unidos a nivel futbolístico primordialmente.
No se trata de que Wilson se cruce la frontera y asuma tendencias estadounidenses.
Su papel será tratar de negociar intereses mexicanos en un terreno estadounidense.
México quiere una rebanada más grande del pastel que él mismo cocina, adorna, vende y reparte en Estados Unidos a través de sus equipos mexicanos y la misma selección nacional.
Es una alianza sólida.
Pero, ojo, no se confunda, no es una alianza para el progreso deportivo sino una alianza para el crecimiento financiero.
Parecía ya ilógico que el futbol mexicano fuera como indigente a limosnear las moronas, las sobras que la Conmebol le otorga con altanería y displicencia, pero dejando de lado un negocio exorbitante como puede ser la siembra, cosecha y explotación del mercado estadounidense, entiéndase, obviamente, los 35 millones de mexicanos que con o sin papeles en regla habitan en Estados Unidos.
Seguro los afiliados a Conmebol, Concacaf, y alguna otra zona, deben ver con envidia un mercado que apenas, como la punta del iceberg, muestra una séptima parte de su masa.
Por ejemplo, uno de los planes inmediatos de SUM es organizar las giras por Estados Unidos de equipos europeos.
Recordará usted los llenos espectaculares y los ratings que generaron los duelos del Barcelona contra América y Chivas.
Bueno habrá más de ésos, pero no sólo para clubes europeos sino también para clubes sudamericanos, especialmente argentinos por la densidad de su colonia en algunos sectores de Estados Unidos.
Will Wilson viene a aterrizar todos esos proyectos a partir de este mismo año.
Obviamente esa presencia sólida en el organigrama de SUM significa mayores ingresos para el futbol mexicano, o al menos para los bolsillos rotos de la FMF, y para eso será necesario negociar aspectos duros, ásperos, como los reclamos facinerosos y fariseos que hace la Federación de Estados Unidos sin mover un dedo, porque como matrona, como alcahueta, como madame pues, termina viviendo de la prostitución ajena.
Así que la rivalidad entre México y Estados Unidos seguirá dándose saludablemente en la cancha, con el termómetro reventando de fiebre de desprecio, mientras tanto, los césares, en los palcos de lujo contemplarán, hedonistas, pasajeros del placer, la carnicería del circo, mientras ellos se comen el pan, obviamente, sudado de migrantes nostálgicos.
En la cancha, México y Estados Unidos empezarán a ser como Caín y Abel, hermanos al borde del homicidio constante.
Mientras, los dirigentes, Rómulo y Remo, arquitectos de su propia Roma, seguirán levantando palacios con el sudor de usted que escupe sangre para que (con las licencias de Atahualpa Yupanqui) ellos vivan mejor.
