México, el más rico y el más pobre…
El futbol mexicano termina por ajustarse el collar con el que lo saca a pasear la Concacaf. La sumisión, el servilismo, la rendición que hizo patente ayer en Miami, es una confirmación del pusilánime comportamiento de los directivos del futbol mexicano.
Ayer, nuevamente, levantó la mano y agachó la cabeza Guillermo Cañedo White. La esclavitud total.
Increíble: el hijo del hombre que ejercía autoridad en toda América, el presidente del equipo más poderoso de México, como el América, que teóricamente debía ser el caudillo para levantarse en armas, simplemente terminó por deponerlas, por exponer el pescuezo y ofrecer la testuz.
Guillermo Cañedo de la Bárcena difícilmente estaría orgulloso del vástago al que le entregó las llaves del cielo futbolístico de México y no supo qué hacer con él.
Nuevamente pues, México se plegó a las leyes leoninas, explotadoras de la Concacaf, para apegarse a ser el protagonista activo de su Concachampions.
Le quedó claro al futbol mexicano que su futuro está en manos ajenas.
Puede ser el más rico de América, pero es el más pobre en personalidad, jerarquía, autoridad, organización y en directivos pensantes y líderes.
Para que exista la extorsión se necesitan dos: un explotador y un explotado, y como se ha insistido aquí, mientras México requiera de la bendición negra y perversa de la Concacaf para poder participar en Copa América, Copa Sudamericana y Copa Libertadores, seguirá viviendo de rodillas.
Y que quede claro que este panorama era previsible desde el año pasado cuando se anunció en exclusiva, en plena Copa América, este proyecto de la Concachampions.
Es decir: InterLiga, Copa de Campeones de la Concacaf (última edición), SuperLiga, Copa Sudamericana, Copa Libertadores, Preolímpico, eliminatoria mundialista, cinco juegos amistosos de SUM y un sexto ante Estados Unidos este 6 de febrero.
Y el futbol mexicano no puede negarse, no puede cortar ese voraz cordón umbilical, símbolo de esclavitud y dependencia que tiene con la Concacaf.
El problema no es si México se roza o no con los clubes de la Concacaf.
A final de cuentas es su hábitat. A final de cuentas es su familia.
A final de cuentas, a pesar de ser, aparentemente el primogénito balompédico de la zona, ya los privilegios como tal se los han empezado a arrebatar y él, pasivamente, ha permitido que se los arrebaten.
Geográficamente le tocó vivir aquí, jugar aquí… y morir aquí.
Y no se vale la excusa peregrina de que por eso no se progresa, por el contagio de los vecinos debido a que su nivel es inferior al suyo.
De hecho debería ser capaz de ser el bastión del desarrollo del área, pero no con los renglones torcidos con los que pretende escribir su historia la Concacaf.
El que nace en un leprosario sólo puede aspirar a ser el menos enfermo de los leprosos, a menos que abandone a tiempo el leprosario, y esto es prácticamente imposible, porque ni la FIFA le permitiría emigrar a Sudamérica ni Sudamérica le permitiría a México instalarse en su geografía futbolística.
El problema es que el futbol mexicano ha perdido toda estatura moral a lo largo de los años. Ahora sí que con base en el oro que fluye por sus arcas, trata de construir una imagen de oropel que apenas se sostiene.
Ya se ha hablado de la dictadura de Joaquín Soria Terrazas en la que la situación de la Concacaf era tal vez pero que en esta época por tres sustanciales y principales motivos: fluía menos dinero, la FIFA permanecía distante y ajena, y para México y la misma FIFA era mejor tener adormecidos, embaucados, a los países de la zona.
Ahora la Concacaf es un botín de Joseph Blatter, de Jack Warner y Chuck Blazer. Especialmente el trinitario, ha perpetrado tantos abusos como para ser desconocido y arrojado del futbol profesional. Pero ahí sigue.
En los callejones de la mafia, el más mafioso es venerado.
Y si el futbol de la Concacaf ha crecido como parte de una maquinaria sin escrúpulos, con la compra sucia de votos en beneficio de los personajes mencionados, pero queda claro que hay un énfasis prioritario en los países del Caribe por encima de los de Centroamérica y ahí estriba una de las principales injusticias.
Pero, en medio de todo este caos, de este basurero promiscuo, el futbol mexicano ha elegido ser cómplice silencioso, víctima resignada.
Decíamos que México ha perdido credibilidad, entereza, fiabilidad, luego de escándalos sonados como los cachirules de 1988, y más recientemente el horroroso y estúpidamente mal manejado caso de los dopajes de Carmona y Galindo, hasta el desafío infantil de Cruz Azul a FIFA, la WADA y el TAS.
Con semejantes aberraciones, como múltiples verrugas pecaminosas en la nariz de Pinocho del futbol mexicano, la FIFA sabe que no puede entregarle el manejo de la Concacaf por cualquiera de los dos motivos: por su incapacidad intelectual para conducir el área o porque su sospecha de corrupción y malos manejos supera a la de los actuales dirigentes.
Queda claro, México ha demostrado que es incapaz de ser el regente de la Concacaf.
Las alas manchadas demuestran que fue incapaz de cruzar el pantano de las tentaciones aviesas sin mancharse.
Fiel a su estilo, fiel a su historia, fiel a su reacción contra el cambio, revela, el balompié azteca, porque habita en la quinta nación más corrupta del mundo.
Su futbol está hecho a su imagen y semejanza.

January 30th, 2008 a las 10:34 pm
[...] contacto@mediotiempo.com Escribio un articulo buenisimo hoyAqui hay un pedazo del articuloEl futbol mexicano termina por ajustarse el collar con el que lo saca a pasear la Concacaf. La sumisión, el servilismo, la rendición que hizo patente ayer en Miami, es una confirmación del pusilánime comportamiento de los directivos del … Lea el resto de este fabuloso articulo here Posted in Uncategorized Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post. Post a comment or leave a trackback: Trackback URL. [...]
January 31st, 2008 a las 5:53 am
Hola, Rafael:
He leído varios de sus artículos y me han parecido muy buenos. Soy periodista en Cuba y lo invito a visitar mi website. Podríamos intercambiar criterios y opiniones si lo desea.
Un saludo
Rafael Rofes