Hugo en los tiempos de la cólera
TIJUANA, México.— Parafraseando otra de las obras maestras de Gabriel García Márquez, “El Amor en los Tiempos del Cólera”, recientemente y medianamente adaptada al cine, Hugo Sánchez vive las sensaciones del amor en los tiempos de cólera.
Porque Hugo ha dado el paso en los sentimientos ajenos pero propios. Ha pasado del amor de los otros, a la cólera entre los otros.
Ya en la entrega anterior se habló de los pecados extremos de Hugo, ésos que lo han llevado a escenarios encontrados entre la afición: de la idolatría inconsciente al recelo consciente; de la euforia colectiva, a los resabios privados.
Porque Hugo ha pasado del paisaje de los vicios privados y las virtudes públicas, a los vicios públicos y las virtudes perdidas.
Algo queda claro: Hugo lo percibe.
Hugo ya, finalmente, se ha dado cuenta de sus propios errores.
A veces, parece que quiere solucionarlos y otras veces se da cuenta que ya no puede solucionarlos.
Detecta y acepta, por ejemplo, que la arenga mesiánica ya no funciona, que la exaltación de sus propias hazañas no tiene porqué, necesariamente, exaltar a las hazañas de otros.
Se da cuenta que necesita de dedicación y no del rédito de las dedicatorias a su pasada grandeza.
Que necesita de ejercer en la cancha, y no en la incertidumbre del diván, la profundidad de su trabajo.
Hugo ya detecta que si no afina en el pizarrón de cada día el rendimiento de sus jugadores terminará por lamentarse por equipos rotos, desconcertados, turbados, difusos, como le pasó en el segundo tiempo ante Estados Unidos en la final de la Copa de Oro y en la semifinal de la Copa América ante Argentina.
Lamentablemente sigue pensando en la omnipotencia de su forma de trabajo.
Por ejemplo: Guatemala es su rival directo en el Grupo B del Preolímpico con sede en el Home Depot Center.
Tuvo en California en dos ocasiones a los chapines enfrentando a Japón. Ningún emisario de Hugo estuvo presente, cuando, en estos tiempos, no sólo se envía a un observador capacitado en ver y entender al adversario, sino hasta a un incipiente camarógrafo para que filme las andanzas estratégicas del rival en turno.
Hugo no lo ha hecho, no lo hace y ya no hay tiempo para que lo haga.
Lamentablemente, sus obligaciones, Hugo Sánchez las vive en medio de la adversidad.
Es decir, sólo el rigor de los descalabros lo lleva a reorientar su línea de trabajo, pero poquito, con tibieza, con pereza,
Lo que sin embargo pudo percibirse ayer en torno a la selección mexicana, es que hay ya condiciones para Hugo. Y él las sabe.
Se las han repetido: si México no clasifica a los Juegos Olímpicos harán un severo examen de su informe, con cierta clemencia si al menos llega a semifinales.
Pero si este Tri Sub-23 deja en la primera ronda, es decir en Carson, la posibilidad de conseguir el pasaporte a Beijing, será el fin para el proceso de Hugo.
¿Es capaz Hugo de cumplir lo que prometió? Esa es la gran pregunta que no tiene la gran respuesta.
Es decir, en el clímax de su capacidad como entrenador y como motivador, ¿podrá Hugo alcanzar las metas prometidas? Parece complicado, muy complicado.
El mejor avance de México con Hugo pudo apreciarse en el partido contra Estados Unidos del pasado 6 de febrero.
El equipo evolucionó, maduró en el aspecto emocional, en el aspecto pasional, y eso le retribuyó tranquilidad para por momentos hacer mejor las cosas.
Pero las bendiciones sólo llegan con resultados. El triunfo es el único santo patrono de los entrenadores. El empate es apenas como una ánima en el purgatorio.
Por eso, queda claro, Hugo debe ir creciendo en la proporción de sus retos.
Tiene dos ventajas:
1.- Una generación irrepetible de notables futbolistas, la mejor en la historia de México, por encima de las de 1986 a 1994, que el mismo Hugo considera las mejores de todos los tiempos, sólo porque él tomó parte, gris, cáustica, pero tomó parte al fin de ellas.
2.- Su propio aprendizaje. Es decir, pensar que un técnico con semblanza mediocre, oscura, como hasta el momento parece proyectar Hugo, no pudo ganar dos campeonatos consecutivos en el futbol mexicano.
Pensar así, sería considerar a todos los demás entrenadores de México como inferiores o más mediocres que él, tomando en cuenta que ellos no lo han conseguido. Sería equivalente a entronizarlo como el rey tuerto en la tierra de los ciegos.
Por eso explicamos que Hugo se crece al castigo, se sublima a sus propios fracaso, ¿o es que nadie notó la gran diferencia entre el Pumas de Hugo el burgués de su primera etapa con la UNAM al Pumas del Hugo comprometido de su segunda jornada? En una circunstancia inexplicable, por primera vez, segunda partes fueron mejores.

March 3rd, 2008 a las 8:59 pm
Solo me pregunto que haria sin el “TRI”.
Y por lo menos en esta ocasion ya esta usted entrando en razon, respecto a sus otras columnas entiendo su posision y solo le digo dejar que los perros ladren.