Más tiene el rico cuando empobrece…
Protagonismos cambiados. En el veredicto de 90 minutos. Así de simple.
Chivas es hoy el paciente en terapia intensiva y el maniquí maltrecho en el desconsolado escenario de inconsolables seguidores.
Y hoy el América es dado de alta, precipitadamente, como si los tres puntos arrebatados al hermano menor San Luis retocaran drásticamente su provenir y su porvenir.
El condenado de la semana pasada, vive hoy tiempos de purificación.
El purificado de la semana pasada vive hoy tiempos se condenación.
El sepultado se salió de la sepultura y envió al supuesto sepulturero.
Pero, más tiene el rico cuando empobrece que el pobre cuando enriquece.
Para colmo, como para liberar de lastres condenatorios al América, Chivas es lastimado en el marcador con un humillante 5-2 y además en un juego que percude su imagen, al dueño Jorge Vergara
se le ocurre la peregrina idea de llevar como invitado y testigo de calidad al presunto heredero del timón rojiblanco en diciembre: el holandés Ronaldo Koeman.
Vilipendiado en la cancha y fuera de ella, Chivas queda desprotegido, expuesto y en riesgo de heredar la próxima jornada, el indeseable último sitio de la tabla de posiciones.
Chivas recibe a Jaguares, acaudillado por Adolfo Bautista, luego de que a media semana enfrente al Aragua dentro de la Copa Sudamericana.
Es decir, mojado aún de la derrota de 5-2 ante Pachuca, el pronóstico para Chivas augura tormenta el fin de semana cuando el “Bofo” regrese a la casa de la que sus aficionados piensan nunca debió irse y presuntamente regresaría en diciembre.
Lo cierto es que el Guadalajara paga sus errores. Uno de ellos esa soberbia insolente.
Omar Bravo se llevó los goles oportunos, mientras que en el caso de “Maza” Rodríguez su ausencia se hace evidente al ver la cantidad de pelotas que rebotan en zona riesgosa en el área y en el momento de las coberturas.
Además, Omar Arellano no tiene forma física ni futbolística aún. Regresó antes de tiempo, porque no había opción, mientras que Sergio Rodríguez, tras regalar puntos al principio, parece consolidarse ante la ausencia de Luis Michel.
El problema es que estas ausencias fueron minimizadas en su momento por Efraín, y han sido, son y serán menospreciadas por la directiva.
“Con lo que hay podemos aspirar al título”, había dicho Vergara.
Ayer ratificó que “es el mejor Chivas que hemos tenido desde que estoy al frente”. Y remata con un “no hay crisis”.
Cierto que Chivas vive un proceso, lento por cierto, que requiere de tiempo, pero, especialmente, de tregua en los desplantes de grandiosidad con que se manera al equipo.
Debe quedar claro: lo que es Chivas en este momento, es su potencial máximo en tiempo presente. A futuro deberá crecer, pero es difícil pensar que alcance para el otro sueño de su dueño: “Pelearemos por los dos títulos el de la Sudamericana y el de México”.
Si ya los jugadores rojiblancos están envueltos en presión, en obligaciones extremas, hacerles sentir que deben ser capaces de más, simplemente añade un estado de confusión y después, si no se modifica ese mal trato, de desconfianza, resignación , hasta la mecánica, muy mexicanista, de inmolarse como culpables de la frustración ajena y del fracaso propio, para que el papel de mártires los emancipe de un castigo extra al confesarse culpables.
Y es ofensivo para su afición el que Vergara y su séquito se permitan mentir a sus seguidores, que muy al tanto de los padecimientos y pesares del equipo sabe que en la cancha el equipo quiere, sabe, pero no puede, porque en oficio, es rebasado.
Por ejemplo, ante Pachuca, lleno de veteranísimos, que no viejísimos de las canchas, los Tuzos, menos veloces, anticipaban no sólo las jugadas sino la intención de las jugadas. Hicieron ver a Chivas monótono, rutinario, rupestre, porque los años permiten adivinar intenciones y decisiones, especialmente ante jugadores muy jóvenes, por muy talentosos que sean, porque en Chivas abundan promesas, pero ninguno es un desequilibrante fantasioso lleno de genialidades, sino que se apegan nobles y cumplidores al precepto colectivo.
Entre “Chaco”, Marioni, Caballero, Damián, Calero, suman más minutos de vuelo que todo el equipo de Chivas junto, y tal experiencia, fue evidente en un marcador ficticio para algunos, pero tangible, real, tanto que coloca al Guadalajara con la peor defensa del torneo, cuando en la fecha ocho del torneo anterior sólo llevaba cinco en contra.
Con los mandones del grupo cada vez más lejos (Pumas, 16: Cruz Azul, 14), aunque con 27 puntos por pelearse, pero con la Sudamericana de por medio, debe pensarse que la liguilla es un espejismo para Chivas con sus 7 unidades.
Por otro lado, el América va a casa del hermano menor y la atiza bofetadas.
Queda claro que ante la opinión pública e impúdica antiamericanista, hay dos juegos que las Águilas no pueden ni deben ganar: San Luis y Necaxa. El desenlace será objeto de sospecha. Para colmo, vimos unos Gladiadores sin espíritu de tales, desconocidos y algunos referentes como Braulio Luna, en sitios y funciones inesperadas.
El “Pelado” Díaz sorprende abriendo sólo con mexicanos y metiendo a Alfredo Moreno y el “Pocho” Insúa de relevo. Copiando los recursos de Juan Antonio Luna, le pone velocidad, intensidad, persecución, recuperación de pelota, manejo, con Villa como líder, lento, pero líder, al frente del operativo. Y le funciona. No ha rescatado al América, pero le ganó al líder general y lo sacudió de ese nicho.
Por eso, más tiene el rico cuando empobrece que el pobre cuando enriquece.
