Don Gabo en casa de este Tri tan triste
Si Gabriel García Márquez, tan amante de radicar y pernoctar en la ciudad de México, dedicara unos minutos, unos pocos nada más, a interiorizarse con el manejo del Tri, no dudaría en fantasear una segunda parte, disfrazada la damisela en cuestión, de su más reciente obra: “Memoria de mis putas tristes”.
Pero Delgadina –virgen de incertidumbre; de incertidumbre, virgen–, poco agraciada y todo, explotada y abnegada, casquivana protagonista de la novela, es una fiel semblanza de la selección mexicana, en manos de la celestina, de la alcahueta Rosa Cabarcas, a imagen y semejanza de los dueños del futbol en México… y de sus achichincles.
Y sin pretender investirlo del galán invernal de la obra, en el ocaso febril de la testosterona fértil, Sven Goran Eriksson debe plantearse seriamente a dónde lo llevó la tentación del dólar.
Los dueños de equipos, clientes voraces y prioritarios de los favores de la Delgadina nacional, han decidido, y lo harán oficial, que la selección mexicana se dedique a llenar de fiesta los estadios del país durante los juegos oficiales del hexagonal final de la Concacaf.
La Delgadina nacional, la casquivana tricolor ha sido ofrecida al mejor postor.
Chiapas dio el primer paso.
El gobierno del estado entregó 650 mil dólares como garantía a la FMF para llevar el juego ante Canadá al estadio Víctor Manuel Reyna.
Esa cantidad alcanzaría en México para construir 1,100 metros cuadrados de escuelas, según cálculos del Colegio de Ingenieros Civiles de México, es decir dos escuelas primarias completamente detalladas, que seguramente el estado chiapaneco no requiere a pesar de que su índice oficial de analfabetismo es del 21.3% según su más reciente informe de gobierno.
Si el encuentro en Puebla ante Jamaica se vino abajo no fue por decisión del cuerpo técnico como se dijo, sino porque el ejecutivo poblano (el “gober precioso”) sacó cuentas y ante la crisis política y de credibilidad que vive el estado, prefirió abstenerse de entrar a la subasta, o tal vez no le gustan tan maduritas.
Ya lo dijo Cuauhtémoc Blanco con su desparpajo verbal: “Que no se hagan güeyes, si vamos a jugar en Chiapas es por la lana, por la puritita lana”.
Al margen de las ventajas conocidas de jugar en el Estadio Azteca, los dueños de equipos quieren llevar a la selección de paseo por los palenques donde se rescate el fervor popular al Tri.
Y qué mejor subasta de la Tricolor, que el hexagonal final, decisivo para llegar a la Copa del Mundo, en el que México está obligado, incuestionablemente, a ganar ampliamente cada uno de sus juegos de local.
Son pocos los directivos que se oponen. Los jugadores no están conformes. Tampoco lo está su cuerpo técnico. En la guerra no se pueden dar ventajas.
Pero, en términos de vende patrias y patrioterismos –como es el caso del Tri– , nadie resiste un cañonazo de 650 mil dólares… o más.
Y entre las extrañezas del técnico de retaguardia entre los de vanguardia, está, por ejemplo, el encuentro del próximo miércoles ante Chile en el Memorial Coliseum de Los Ángeles.
Un encuentro apalabrado con SUM que no dejará ningún beneficio. El Tri llegará con las sobras de las sobras. Sin europeos y sin jugadores de equipos involucrados en la Sudamericana y en la Concachampions. ¿Es usted mexicano por nacimiento o por naturalización? Repórtese con la FMF por si acaso necesitan nuevos valores.
Encima, Chile le da la misma importancia que México: Marcelo Bielsa llama de lo que dispone en el país, a pesar de que el Cobreloa se niega a ceder jugadores y sin saber si los andinos que militan en México serán prestados.
Vaya, tan interesante es la cita para Bielsa que él ni siquiera se ha presentado a entrenar con el grupo parcial que tiene convocado en sus instalaciones en Pinto Durán.
Pero lo importante es que salgan once de verde para que los parroquianos paisanos prefieran pagar boletos, estacionamiento, cervezas y banderas, antes que la renta en el sur de California. Les darán once gatos a falta de once liebres.
¿Y si gana, qué deja de aprendizaje futbolístico para el Tri y Eriksson?
¿Y si pierde? Pero la Delgadina nacional ya ha sido vendida.
Peor podría ponerse el panorama para Eriksson. Su hombre del pizarrón, el experto en desnudar a los rivales, el también sueco Hans Backe, está a punto de renunciar.
Una propuesta de la Federación Sueca de Futbol y otra más generosa de Dinamarca, tienen a Backe.
Antes de sumarse como auxiliar de Eriksson, Backe creó y crió fama en el balompié danés: con el FC Copenhague y el AaB (Aalborg) conquistó cuatro títulos nacionales y llegó a ser considerado para la selección nacional de Dinamarca.
¿Será que Backe ya vio algo –y no le gustó–, que Eriksson, entretenido por pantorrillas mexicanas, aún no ve?
¿Verdad que Don Gabo bien podría dedicar otra de sus memorias a esa Delgadina triste que es la selección mexicana? O al menos como homenaje al japonés Yasunari Kawabata, en cuya obra, “La Casa de las Bellas Durmientes”, se inspiró el mismo García Márquez para deleitarnos con ese refugio de sus memorias clandestinas.
