Costo, burocracias, impuestos, palabras claves utilizadas por Lincoln Díaz Balart, republicano cubanoamericano de Florida en su respuesta de ayer al discurso de Obama sobre salud. Argumenta que habrá “recortes profundos” a medicare. Habla de “destruir empleos y racionar cuidado de salud”, muchas palabras que aprietan los botones del temor y la ansiedad, lo que demuestra que es más fácil criticar una propuesta de reforma que llevar a cabo la reforma en sí.
Sabemos que es dificil porque si no, los republicanos hubieran reformado el sistema de salud cuando tenían un presidente y una mayoría en el Congreso.
Y el Presidente Obama dió su discurso y las noticias principales son dos: uno, el Presidente insiste en cooperación bipartidista y en aprobar una reforma que regule el comportamiento de las compañías de seguro, amplíe la cobertura y proteja a los que ya la tienen y dos, un Congresista sureño de nombre Joe Wilson adquirió fama automática (de la buena y de la mala) al interrupir al Presidente y gritar “mentiroso” durante el solemne discurso de ayer. Vean el vídeo del momento clave, cuando el Presi está aclarando que su propuesta no cubre a inmigrantes indocumentados, una acusación que han usado opositores de la reforma para crear alarma y más oposición. Vale la pena fijarse en las caras del vice presidente Joe Biden y de la Presidenta de la Cámara Nancy Pelosi (detrás de Obama) y de como el presidente se detiene un momento y sigue, sin cambiar siquiera la expresión de su cara.
Lo primero que pensé es que si un Congresista demócrata hubiese gritado “mentiroso” en su cara a George W. Bush en uno de los tantos discursos que dió hablando de cosas que luego resultaron ser, digamos, inciertas, hubiera ardido Troya, es decir, se hubiera acabado el mundo y el otro lado hubiera crucificado al partido demócrata en pleno. A nadie, nunca se le ocurrió hacer tal desplante en un momento oficial como este durante el anterior gobierno.
Congresista Joe Wilson
El susodicho congresista, electo en 2001 a la Cámara de Representantes por Carolina del Sur, es un ultraconservador que durante le debate sobre la guerra de Irak, hace unos años, dijo de otro congresista (el demócrata Bob Filner), que era “visceralmente anti americano” y guardaba un “profundo odio por los Estados Unidos”. El pecado de Filner había sido señalar que Estados Unidos vendió armas a Saddam Hussein en el pasado, un dato ya bastante conocido, al menos entre quienes tienen a bien informarse de lo que ocurre.
También acusó al partido demócrata de hacer “guerra de guerrillas” contra nuestras propias tropas, porque pidieron una investigación sobre los abusos de Guantánamo. Es decir, un congresista muy dado a expresiones “emotivas” más que lógicas.
Pero aparte de ser de una mala educación monumental, el grito de Wilson podría estar generando la reacción contraria. Su oponente para el congreso en las elecciones del año que viene, el demócrata Rob Miller, ya recibió más de 100,000 dólares en donativos del público desde que pegó su grito ayer. Y hay señales de que el ataque contra el presidente está ayudando a unificar a los demócratas descarriados, que podrían aprobar la reforma solitos si ellos quisieran. Por el momento, además, está siendo condenado por legisladores de ambos partidos, un bipartidismo que el sólo discurso de Obama no hubiera logrado.
Esta noche, a las 5 p.m. hora del pacífico y 8 p.m. hora del este, el Presidente Obama hablará ante una sesión conjunta del Congreso sobre su golpeada reforma de salud. Y digo golpeada porque durante el mes de agosto fue más lo que se habló de los temores en torno a la misma que de las oportunidades que presenta. Simplemente, el debate se le escapó de las manos al presidente.
La puede ver por medio del internet si pincha aquí.
En este artículo que publiqué hoy, varios expertos en cabildeo sobre salud y en manejos explican el por qué el tema es dificil de tratar y qué podría hacer el presidente.
El discurso de esta noche pretende comenzar a resolver este desorden de mensaje, que queda clarísimo cuando uno habla con cualquier hijo de vecino o cuando ve las encuestas. Por ejemplo, la más reciente encuesta de CNN revela que el país está dividido en torno a la reforma, con ligero avance para los que se oponen y que la tortilla se ha volteado para Obama y su manejo del tema. En marzo, 57% aprobaba el mismo y 41% desaprobaba. Hoy en día, 53% dice que no ha manejado bien el tema y 44% que sí lo ha hecho.
O un amigo, preocupado por que hace poco perdió su trabajo y no sabe qué va a pasar con el seguro para sus hijos, pero que aún así tiene muchas dudas sobre la reforma planteada. Les copio un pedacito de un email que me envió hoy mi amigo, al que llamaré Ramiro, por proteger su identidad.
“Pues que puedo decirte. Realmente las opiniones en cuanto a la reforma de salud confunden a la gente. Que van a multar a los que no compren o tengan cobertura, que los que pagamos impuestos vamos a pagar la factura de la reforma que esto y que lo otro. Realmente no han dado a conocer información concisa, firme, de lo que la reforma hara para mejorar la calidad de cobertura médica de los que vivimos en este país. ¿Tal vez por la competencia nada más? No lo sé.”
Es a ese amigo, Ramiro, y a tantos como él, que el Presidente tiene que llegarles esta noche.