Cuando la muerte nos alcance
Monday, October 31st, 2011
En México la celebración del Día de Muertos está plagada de color, de aromas, de sabores, pero también de nostalgia, simplemente es inevitable recordar a aquellos que se nos adelantaron en el camino y sonreír y llorar al mismo tiempo.
Tenía apenas 16 años cuando mi abuelo Jorge falleció, esa fue la primera vez que me enfrenté al dolor por perder a un ser querido y comprendí que los abuelos duran muy poco, que duelen mucho porque te hacen falta a tí, pero le hacen más falta a tus padres. No sabes cómo consolar, pero tampoco sabes cómo pedir consuelo.
Han pasado 21 años desde entonces y he despedido a todos mis abuelos, a tres tíos, a la hermana de mi cuñado, al abuelo de mi esposo y una tía también de él; a un amigo de la universidad y estos Días de Muertos no hago más que acordarme de ellos, soñarlos para abrazarlos, para olerlos, para tocarlos otra vez.
Si yo pudiera le daba otra vez el cambio a mi abuelo Jorge en chicles; le pedía una servilleta para las tortillas a mi abue Concha; me asomaba a su puerta para ver dormir a mi abuela Sara; le pedía un taco a mi tía Luisa; platicaba con mi tío Cocol sobre campismo; admiraba cómo Chabela amaba a sus sobrinas; corría y reía con José en Chapultepec; me sentaba a cenar con el abuelo Leonardo; escuchaba otra vez a mi tía Sara decirme mi Daniela Romo y platicaba con doña Laura sobre la vida.
Yo quisiera que cuando la muerte me alcance no hubiera lágrimas, ni de dolor, ni de arrepentimiento, sólo existieran risas, recuerdos de cuando estuvimos juntos, buenos y malos; todo fuera azul, las flores, la ropa de quien mira por última vez mi cuerpo para decirme adiós y cerrar nuestro ciclo juntos. Vida y muerte, alegría y dolor, inicio y fin, luz y sombras, música y silencio, así es la Pura Vida.
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