Luna de familia
Tuesday, January 19th, 2010“Buenas lunas (noches)…” dijo una amiga en el Facebook, esa simple frase me hizo recordar que con tres de las personas que más amo tenemos como cómplice a la gigante de queso.
Verano lunar
Todo un verano de mi adolescencia, la pasé con mi papá dando caminatas vespertinas para pasear a los perros que teníamos en ese entonces y las hacíamos completamente solos hasta que la luna nos alcanzaba. Era la época del primer amor, ese chico que te gusta y esperas con impaciencia a que de el primer paso, así enamorada y embelesada miraba a la luna pensando si él también la vería… papá intuía algo y yo para salir del estado catatónico siempre le preguntaba ¿ya viste qué linda está la luna hoy? Años más tarde papá me confesó: eres la única persona que me hace mirar al cielo para ver la luna y siempre que la veo me acuerdo de tí.
¿Quieres ser mi novia?
Esa frase nunca la escuché de mi esposo, nos hicimos amigos en una época en que el “amor de mi vida” (hasta ese entonces) me había dejado (con la tonta esperanza de que regresaría por mi para casarnos) y él escuchaba lo que mi destrozado y confundido corazón gritaba; pasaron los meses y cada jueves nos veíamos para salir o simplemente pasarla dentro del auto escuchando una estación de radio que toca jazz y blues mientras platicábamos de los amores perdidos, de la familia, de los chismes del trabajo… hasta que una noche fría de diciembre con la luna llena como única testigo me dio el más dulce beso de mi vida y me dijo: “te quiero”. Al día siguiente me presentó a su familia como su novia… sí, respondió mi corazón.
La luna me persigue
Abuelos, tía y prima invitaron a mi hija (yo trabajaba y mi esposo no me abandonó) a visitar un vivero, la arreglamos para un paseo dominical que resultó toda una aventura. Casi siempre quisquillosa con su prima decidieron darse de comer en la boca, bailar con los cantos de mi hermana y jugar con la luna en un tráfico infernal en plena época navideña. Mi pequeña le escribía a la luna, le platicaba a todos de su hermosura, se escondía de ella, la buscaba cuando desaparecía: “Mira luna, mira mis dedos, lee mis palabras desde allá arriba, desde el cielo…” tradujo la tía emocionada.


